La decisión de la amplia mayoría de los partidos representados en la Asamblea -salvo Vox- de nombrar persona non grata a Maria Antonia Trujillo supone un mero parche a un concepto extendido que anida entre determinados sectores influyentes o que han dejado de serlo sobre la españolidad de Ceuta y Melilla. Si bien lo de Trujillo ha sido gravísimo, no solo por quien fue en el Gobierno de Rodríguez Zapatero sino por los cargos que con posterioridad ha ostentado, supone una guinda más al cúmulo de despropósitos a los que tienen que enfrentarse las dos hermanas. No es solo Trujillo (que sí, que indigna y mucho; que sí, que ha superado cualquier línea; que sí, que ha aprovechado un congreso para meterse en un berenjenal del que es incapaz de salir porque ni siquiera ha emitido una disculpa), son más. Son todos aquellos que opinan sin saber sobre la historia de Ceuta y Melilla, que cuestionan su españolidad utilizando los foros en los que están presentes y que abren el debate sobre las hermanas con términos tan dañinos como los de “utilidad”.
¿Acaso alguien habla sobre territorios útiles al referirse a cualquier rincón de España? Nadie. Pero con Ceuta y Melilla se permiten excepciones tan insultantes como permanentes, lo que no hace sino generar una costra, un poso, un alimento para todos aquellos que nos miran como un problema.
En esa extensión de ese sentimiento no solo dañino sino muy peligroso tenemos culpa todos. El Gobierno de España el primero, porque nunca ha querido proteger a los dos territorios como se debe, sacándose de la manga las tan manidas excepciones. Un territorio español nunca debe ser una excepción respecto de los demás, pero con Ceuta y Melilla los distintos gobiernos centrales siempre lo han hecho, lo han asumido y nos han hecho creer que era por nuestra protección. Desde ese origen viciado se extienden otros conceptos que animan esa corriente crítica contra ceutíes y melillenses, esa corriente que nos ven como un problema, que hablan sobre si somos útiles o no.
Trujillo no ha hecho más que dar voz a los auténticos extremistas que habiendo tenido una fuerza política arremeten contra la unidad y lo hacen menospreciando a las dos ciudades de esta forma. Esa corriente siempre estará ahí. Nombrar persona non grata refleja el malestar de una sociedad pero no sirve más que para testimoniar el rechazo que no puede estar continuamente repitiéndose con todos. La clave está en evitar que realmente ese pensamiento cobre fuerza, y en eso debemos estar implicados todos.






