Pero quien vaya por ahí hará de todo menos disfrutar de sus vistas, puesto que el inquilino, además de convertir este bien en su casa, se dedica a arrojar todo tipo de residuos que genera a los acantilados, llegando desde ahí al mar. “Parte de la familia que vivía ahí ya reside en una vivienda que le proporcionó el Ayuntamiento, pero aún así el Fortín sigue ocupado y cerrado con candado. Y no son pocas las veces que dentro hay un perro encerrado para vigilar”, denuncia este bloguero. Y como esta zona hay más protegidas que están hoy por hoy abandonadas.
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