Uno de los más duros, insolubles y perdurables esteriotipos sobre los gitanos concierne a su pretendido rechazo al trabajo, su amor por la vagancia y sus picardías para ir tirando sin currar o currelar (palabras derivadas del romanó). Un somero repaso demuestra que históricamente este esteriotipo no tiene ningún fundamento, pues los gitanos, cuando se ha podido hacer un listado completo de sus ocupaciones y modos de vida aparecen como una población especialmente laboriosa, en la que hombres y mujeres tienen oficio conocido y a menudo combinan varias ocupaciones para ir tirando.
Es decir, los gitanos y gitanas españoles han contribuido al sostén de la economía agraria tradicional de forma constante y sistemática. Y lo han hecho a pesar de la persistente sospecha, discriminación y segregación a que se les ha sometido. En parte por vacación propia y en parte por presión ajena, han elegido un conjunto de actividades relacionadas con ciertas artesanías metalúrgicas y ciertas formas de intermediación para las que encontraron un hueco en algunas regiones españolas, especialmente en Andalucía. En el desempeño de esas tareas desarrollaron una cultura de trabajo propia que casi nunca ha sido entendida, por no ser ni campesina, ni gremial, ni burguesa ni aristocrática, sino propia.
En el trabajo de investigación histórica y etnológica dirigido por Juan Francisco Gamella Mora del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Granada, apunta que la inmensa mayoría de gitanos y gitanas andaluces y españoles tenían una ocupación útil entre los años 1783 y 1959
Sus ocupaciones típicas fueron durante siglos un factor clave para sostener los límites étnicos con los no-gitanos, que solían ganarse la vida de “otra manera”. Los gitanos no han faenado en una sola actividad o sector, sino que se han especializado en diversos nichos ocupacionales dentro de la economía general. No ha sido tanto la concreta faena o tarea desempeñada, sino sus formas de organización y articulación en la economía mayoritaria lo que ha caracterizado a los oficios y trabajos gitanos. Por eso, aunque esos trabajos han variado de país a país y de una época a otra, algunas de sus características ofrecen recurrencias notables. En todas partes los gitanos han preferido ocupaciones que les permitieran control sobre la organización de sus trabajo, así como cierta movilidad y flexibilidad, es decir, cierta independencia, pero no aislándose o marginándose, sino mediante formas de articulación en la economía más amplia, de la que dependen y en la que tienden a ocupar aquellos sectores donde la demanda y la oferta oscilaban en el tiempo en el espacio. Por eso, los gitanos han sido artesanos metalúrgicos (herreros, hojalateros, ofebres…), músicos expertos, sobre todo en instrumentos de cuerda (violinistas, guitarristas…), cantantes y bailarines, mendigos, quirománticos, echadores de suertes, tratant4es de caballería y ganado, esquiladores, chatarreros, traperos, buhoneros o vendedores ambulantes…





