Retales de ropa y paquetes de tabaco se enredan en la hierba. El colchón de un sofá quemado da la bienvenida a los curiosos a la entrada. Al otro lado, en el habitáculo contiguo, se observan más restos. Es, en resumidas cuentas, la imagen de abandono que presenta una de las baterías de Punta Almina de Ceuta.
La variedad de enseres que descansa en su interior sugiere indicios más que suficientes para concluir que este elemento patrimonial está ocupado ilegalmente o que, al menos, lo ha sido.
A la derecha del edificio militar, se avista una silla de plástico, bolsas, varios cables y un mueble sobre el que posa una botella de alcohol. Al fondo, se aprecian unas alfombras extendidas en un rincón.
Curiosamente, la valla que sella este espacio está sujeta por un candado de bici que trata de impedir el acceso. A los pies, unas piedras luchan por abrir un hueco para que la puerta no se cierre.
Un paseo casual ha sido la raíz del hallazgo. Sin embargo, se tiene constancia de que desde hace tiempo este es el aspecto que luce el bien histórico. José Manuel Pérez, presidente de Septem Nostra, sabe de buena tinta que no se trata de una estampa reciente.
“He pasado en un par de ocasiones por allí. Las verjas que se pusieron para que nadie accediera a sus estancias están destrozadas”, comenta. Reconoce que existen señas de que quizá alguien se refugie allí o de que lo haya usado de cobijo. Durante esas inspecciones espontáneas no se ha localizado a nadie en el lugar.
Independientemente de si una persona ha hecho de la batería su casa, lo que sí se puede afirmar con certeza es que sus condiciones actuales “son un peligro”. El arqueólogo asegura que su situación es un riesgo. “Primero, por cuestiones de higiene y salubridad. Segundo, por la posibilidad de que se produzca un incendio”, comenta.
El conjunto militar pertenece a la red de yacimientos o monumentos declarados como Bien de Interés Cultural. Es este el motivo por el que incide en la necesidad de actuar en el inmueble para salvaguardarlo.
“Al menos se debería mantener una adecuada limpieza y un ornato acorde a su nivel de protección”, destaca. Considera que las medidas mínimas que pueden acometerse son la retirada de las basuras, la reparación de las verjas y su vigilancia.
La edificación que se halla próxima a la afectada se encuentra en una circunstancia más favorable. Nadie ha tumbado las vallas y tan solo se detectan un par de latas de refresco tiradas.
La historia plasmada en esta página no es nueva para muchos. No es la primera vez que un bien patrimonial sufre incivismo o queda a expensas de la ocupación. Son varios los que han atravesado un episodio similar.
La antigua sirena no ha escapado de las garras del abandono. Su fachada refleja de forma clara que también ha caído presa de ataques. Un conjunto de grafitis ocupa sus paredes, que, en algunas zonas, revelan cierto desgaste de pintura.
Alrededor, en los muros que lo franquean, se ven cables sueltos donde debería haber focos que iluminen la construcción. Sin embargo, esos perjuicios no son los más graves que ostenta. Tiene dos aberturas en dos de las zonas que fueron emparedadas precisamente para evitar el acceso a su anterior.
Una de ellas tan solo permite apreciar las rendidas escondidas en uno de sus ventanales. La otra, en cambio, facilita la entrada a cualquiera dentro del espacio. Es más, la puerta de madera está apartada y una cristalera está rota. Se tiene constancia de la existencia de ambas desde 2024.
La estructura fue objeto de una engrosada inversión de 1,2 millones de euros con la promesa de restaurarla. La intención aparejada era darle una segunda vida. A pesar de ese mensaje esperanzador, al finalizar la obra en 2012 quedó de nuevo en desuso.
La falta de actividad en su interior y su localización en un entorno alejado de las miradas han facilitado que regrese a una situación adversa. Varias ideas sobre qué empleo darle han estado sobre la mesa en los últimos años.
La noticia más reciente al respecto salió a la luz en marzo. Ese mes se licitó un contrato para reformar la construcción por un valor de 300.000 euros. Se invertirá, por tanto, este monto de dinero para arreglar lo que el descuido y el abandono han provocado durante los últimos trece años.
El propósito final de la adecuación es utilizar sus estancias para crear tres salas diferenciadas, específicamente, una asignada a las asociaciones de deportes de montaña y senderismo, otra para el centro de avistamiento de aves y una más para Obimasa.
La batería de Punta Almina está dentro de la llamada Lista Roja de la asociación española Hispania Nostra. Esta constituye un catálogo en el que están inscritos los bienes culturales cuya pervivencia está bajo amenaza.
No es la única construcción con valor histórico de Ceuta recogida en esta enumeración de monumentos afectados. Otras también aparecen en ella como lo es el fuerte de San Amaro. La razón no es otra que “el preocupante estado general de los inmuebles que conforman el Conjunto Histórico. La mayor parte de estas instalaciones castrenses dieciochescas se encuentran en el más absoluto abandono”.
El Instituto de Estudios ceutíes analizó el año pasado una serie de monumentos para conocer sus necesidades de conservación. La entidad dictaminó que el conjunto militar presenta “un pronóstico pésimo” al existir “el riesgo inminente de colapso en el parapeto de mampuestos que conforma el pasadizo de entrada al conjunto”.
La organización incluso solicita “una rehabilitación integral” e impulsar alguna iniciativa para darle un nuevo desempeño que permita preservarlo en el tiempo. A su vez, pide “la reordenación de los espacios exteriores anexos y accesos, a día de hoy abandonados”. Su última demanda es incluir carteles identificativos e iluminación.
A este grupo de propuestas le antecede una ficha técnica en la que se ahonda en cada daño que manifiesta el edificio. Las fábricas de cerámica y revestimientos que componen sus muros están parcialmente destruidas. Las humedades también son patentes y la presencia “de vegetación parásita” es constante.
“Los perjuicios descritos anteriormente se deben fundamentalmente al estado de abandono absoluto del B.I.C sin que se haya acometido ningún tipo de obra de reforma o mantenimiento a lo largo de las últimas décadas”, expone en el informe incluido en el noveno número de la revista ‘Transfretana’ publicado en 2024.
La batería de Punta Almina, que en su día sirvió a Ceuta como brazo defensor ante ataques enemigos, permanece sin vida y sumida en la dejadez. La sirena cuenta, al menos, con un rayo de esperanza para salir de su escenario actual.
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