Ha terminado el mes de octubre, que ha sido, desde luego nefasto en materia de seguridad ciudadana y también nefasto para los responsables políticos y profesionales de la seguridad ciudadana. Pero el mes de noviembre, recién comenzando, no parece que haya comenzado de mejor pie.
Nos hemos topado de frente con la agresión sufrida por una joven de 14 años, a la que le han roto la nariz para robarle un móvil. La reacción en las redes sociales ha sido inmediata y en la plataforma change.org se ha abierto una recogida de firmas para protestar por lo que se considera una situación de clara inseguridad ciudadana en nuestra ciudad. Incluso, hay quienes apuntaban dentro de sus comentarios a la necesidad también de realizar una manifestación.
A la altura de este otoño que se ha convertido, de la noche a la mañana, en una situación difícil desde el punto de vista político y policial, resulta que cada vez son más las personas y los colectivos que se están sumando a los plumillas que eran los culpables, según el famoso discurso del patrón del Cuerpo Nacional de Policía, de la mala imagen que ofrecía la ciudad, de la alarma social que se producía o del desasosiego que las noticias producían en los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
El otro día ya dábamos cuenta de la opinión de la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos que aludía a una situación que no se conocía desde hace tres lustros aproximadamente. También una persona de reconocida ecuanimidad como es José María Campos ha puesto el dedo en la llaga. Y ahora, una campaña de recogida de firmas en una plataforma para protestar contra la inseguridad ciudadana.
Sin embargo, vuelvo a repetir es que la solución se plantea difícil, porque quienes tienen la obligación de analizar la situación, diagnosticarla y encontrar las medidas adecuadas no comparten la premisa y, entonces, es difícil, por no decir imposible la toma de medidas.
Recomiendo a quien tiene las riendas del caballo en sus manos, porque así lo quiso quien confiaba en él, que no se deje abducir, que quien abduce va a estar muy pronto más allá del Estrecho y al final, quien aquí se va a quedar es él, nada más que él, con lo bueno y lo malo. Es una recomendación sin ningún tipo de doble vuelta. Lo que no entiendo es como se ha dejado arrastrar a este lodazal.





