La Ciudad ha ejecutado cambios de última hora en la obra que afecta de lleno a la barriada de Hadú para garantizar el movimiento vecinal. Han tenido que salir los residentes a la calle para hacer ver la barbaridad que se estaba cometiendo hasta el punto de encerrarlos como si vivieran en una ratonera. Solo eso, solo tras dar ese paso, el Gobierno local ha tomado medidas.
Harán cambios para que una de las obras más importantes de las que se están ejecutando no afecte de esta forma tan sangrante a un vecindario que entiende perfectamente las consecuencias de una acción de esta envergadura, pero también saben reconocer los límites.
Estos señores del mando en plaza se asoman ante el público votante con una cierta preparación que les hace saber las consecuencias de sus acciones. Se nos presentan en el centro del escenario de este gran circo en el que vivimos con medidas y soluciones, pero en el fondo son más bien señores de paja que no reaccionan si el pueblo no alza su voz.
Y eso, créanme, es triste. Bastantes problemas tenemos los ciudadanos como para tener que ir protestando por todo lo que los señores del mando en plaza hacen mal.
Y lo hacen porque no tienen miramiento hacia el votante salvo cuando estamos en ese periodo dulce de promesas en el que solo interesa el voto. Ahí cambia todo.
Los vecinos de Hadú tienen que protestar para que, en menos de 24 horas, el Gobierno busque las soluciones que parece que antes no encontraba. Eso es un fracaso como señor del mando y como persona, porque se lleva al límite a un vecino que bastante hace con levantarse cada día para llevar el pan a sus casas.






