Con más de 200 alumnos repartidos por distintos colegios de la ciudad, el ‘Ramón y Cajal’ afronta ahora el periodo para unas obras urgentes que garanticen su estabilidad. Ya hay empresa adjudicataria, también partida fijada y plazos. Lo que no ha existido hasta ahora son responsabilidades.
Que este colegio haya llegado a esa situación es por culpa de unas administraciones que no han hecho su trabajo.
Cada una dentro de sus competencias y sus parcelas, pero ambas han causado una situación tan drástica como es el cierre de un centro escolar. Lo más grave es que no solo hablamos del ‘Ramón y Cajal’, hay más colegios en situaciones extremas que pueden llegar a esta misma situación sin que se actúe con la urgencia debida.
Otros, estando bien, necesitan ser bendecidos por un plan adecuado de mantenimiento que evite que sufran el deterioro que obligue a su cierre.
A esta situación hemos llegado por pura dejación. Dejación que además se da en una de las áreas que debería estar más mimada, la educación, sobre todo teniendo en cuenta los nefastos resultados académicos alcanzados.
El cierre del ‘Ramón y Cajal’ debería haber llevado a una adopción de responsabilidades inmediatas, pero lejos de eso se ha respondido con soberbia, con ocultismos y acusaciones políticas.
Tenemos una obra, unos plazos, un dinero... pero también una enseñanza, una lección de lo que no se debe hacer, un aprendizaje de la nefasta actuación que no puede volver a repetirse.
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