En nuestra edición del domingo dábamos cuenta de cómo se había vuelto a reproducir una situación denigrante que ya en su momento rellenó páginas y más páginas tanto en los medios nacionales como en este periódico. Estamos hablando de esa moda puesta de nuevo en práctica de llevar a los inmigrantes subsaharianos, cuando son conducidos a los centros de internamiento en la península, en las bodegas de los ferrys que cubren el trayecto entre Ceuta y Algeciras. En unas condiciones que, desde luego, no deben permitirse por seguridad de los propios sin papeles y de los policías que los vigilan. Esperemos que por parte de las autoridades se abra la oportuna investigación y se destierren para siempre unas prácticas que nunca debieron volver a repetirse, ni siquiera porque a algunos les resulte más cómodo. Los testimonios de quienes cuentan sus travesías no deben tener nunca más cabida en la pequeña historia local. Sencillamente, por vergüenza.





