El sueño se aloja en nuestro despertar; deseamos estar en manos de Morfeo, pero nuestra palabra está empeñada y tiene tantas canas que he de salir de casa en dirección a una aventura que solo el futuro deparará en ese recuerdo.
La espera fue corta y, al ver ese transporte, recobró esa sonrisa de noche todavía cerrada, pero con ganas de ir al lugar donde algún día diré que fui, por el nombre, por la bandera que siempre tendré levantada. Esa Ciudad Autónoma de Ceuta que hoy irá a un lugar donde la mar y las gaditanas tendrán la culpa del estar allá. Y luego dicen que solo pienso en ellas: las piezas que darán el juego, los escaques, los planes y lo visto en tantos y tantos ratos que hemos tenido para aprender este juego milenario que tanto enamora y engancha: el ajedrez.
Y, después de un rato de barco, llego en busca del encuentro de un nuevo miembro de un equipo compuesto de ganas, pensamientos, deseos, súplicas y dar un paso, y escribir un espacio en la leyenda de nuestro juego favorito.
¿He dicho que es el ajedrez?
Bueno, pues ahora lo he vuelto a decir.
Un café que dé esa energía, ese despertar que está allá, en el malestar del instante; pero miro y veo nuevos parajes, nuevas caras y, sobre todo, un nuevo bollo al que le pongo algo de energía para las horas que me esperan, para no quedar en falta de energía.
Y la conducción de un pensador del asfalto me da un poco de “repelús”, y más con lo chico que es el auto; pero, entre recuerdos, anécdotas, risas, música y, sobre todo, muchas ganas de llegar al destino, se hace el camino con un ver y no ver, aunque el tiempo corre y volamos de un lado a otro para llegar al colegio, que su nombre nos da un buen augurio: Isabel la Católica, en referencia a la dama de nuestro juego.
Y allí empiezan los envites; las ideas vuelan, las piezas están activadas y solo pienso en una cosa: en ganar por nuestra patria chica, nuestra Perla del Mediterráneo.
Y, cuando por fin culmino mi partida y veo que ha ganado también el equipo, hacemos de la celebración un rito y volvemos a nuestra ruta, que nos llevará a nuestra isla, nuestro destino de nuestro trabajo y vida: la Ciudad Autónoma de Ceuta, llevando un nuevo escrito, una nueva sonrisa a todos los de aquí a los que les gusta el ajedrez.






