Después de tantos dolores, tantos días sólo en aquella habitación que me hizo dudar de, ¿para qué estoy aquí?, mis familiares decidieron que era hora de afrontar un nuevo reto, una nueva forma de luchar por mi vida cotidiana.
No era gusto el estar en ese lugar, no podía trabajar, me había dejado inútil, y todo por un descuido.
Los dolores que me venían de un instante a otro, cuando iba al ambulatorio me "largaban", con una pastilla para el dolor, y sin más coba que dentro de un rato se me quitaría todo.
Pero eso no era así.
Todo era producto de unos cálculos en los riñones que me estaban amargando la vida, tanto normal, como laboral.
Y tras tener que extirparme uno de los riñones y el otro funcionar al cincuenta por ciento, había quedado relegado a un sofá y un reposo que jamás se lo desearía a nadie.
Si era buena idea de adoptar un perrito, pero yo no lo veía muy claro.
Aquel día fue como una fiesta familiar, se presentaron mis hijos, mi mujer y yo, y fuimos a ver las crías que tenían en ese lugar tan feo y cutre para un perrito. Un orfanato canino, que daba muchísima pena, mis lágrimas estaban a flor de piel, y no era por nada mala, era para rescatar del hambre, de la falta de cariño, de salubridad a una mascota.
Y cuando aterricé al lado de una caja donde salieron a escudriñar cinco cachorros, muy bellos por cierto, había uno, el más pequeño de la camada que estaba detrás de todos ellos, estaba hecho un ocho, parecía que no le gustaba aquella fiesta y la verdad es porque a parte de ser el más pequeño, era el más feo de la camada.
Me vino una impronta, y recordé mis tiempos pasados, donde me despreciaban, muy especialmente mis hermanos, por ser el más débil de todos, más feo y con menos perspectivas para el futuro. Y después de pensarlo en profundidad di mi decisión a mi familia, de que aquella cosita, aquel chiquitín, era lo que yo deseaba.
Se miraron unos a otros y tras unas pequeñas dudas aceptaron mi decisión y nos llevamos aquel animalito, tan débil, tan tierno y era un nuevo reto para mí, la educación de un cánido, de un nuevo hijo para mí. Sería una larga vida al lado de una nueva criatura, que sigue con migo a pesar de la avanzada edad que tiene.
Todos dicen que algún día se marchará, yo sé que es una gran realidad, pero se irá complacido, de tener los mimos, alimentación y ejercicio que todo bien amigo de los Seres humanos desean.
Gracias por este regalo.






