El Servicio Marítimo de la Guardia Civil de Ceuta tiene nueva embarcación presentada con todos los honores en el muelle pesquero. Faltó quizá ese ritual de romper una botella de champán para completar esa imagen un tanto extraña que nos regalaron colándola sin calzador.
Sí, está bien que el Marítimo tenga más recursos, pero quizá habría que haber explicado adecuadamente qué es lo que realmente podrán hacer con esta nueva embarcación y para qué quedarán limitadas las funciones de una unidad que no hace tanto tiempo era de las más destacadas en la lucha contra el narcotráfico.
La presión que sufre Ceuta en materia migratoria con los nadadores que intentan cruzar desde Marruecos y que nunca queda reflejada en las estadísticas del Ministerio del Interior no puede ser motivo para que la Guardia Civil destine prácticamente el 100% de los recursos del Servicio Marítimo a este campo.
Además del obligado auxilio humanitario que se debe prestar y en el que todos estamos de acuerdo que debe ser prioritario, también hay que impedir el tráfico de drogas, la salida de embarcaciones, las cargas, las huidas y ese negocio que ha causado demasiadas tragedias.
Una cosa no está reñida con la otra: salvar vidas de inmigrantes en el mar no choca con luchar con los medios suficientes contra quienes buscan hacer daño a la sociedad lucrándose con el negocio de la droga y todo lo que lo rodea.
Aquí pronto olvidamos las consecuencias del narcotráfico, y no solo porque se lleve por delante vidas sino por todo lo que mueve, por las familias que destroza, por la criminalidad que mantiene a su vera.
Aunque persiste ese intento por romantizar a quienes son auténticos criminales, la condena necesaria no puede hacerse débil ni entre la sociedad ni, mucho menos, entre las instituciones que deben perseguir a los narcos teniendo medios suficientes para ello.
Está bien que el Servicio Marítimo disponga de recursos, nuevas embarcaciones, más agentes; pero lo que no lo está es que no se cuente la historia completa ni se haga algo por reconducir la situación actual.
Las narcolanchas que caían antes siguen pasando.






