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“Nuestro primer mundo se nos ha caído”: la inseguridad se instala en La Colina

Los residentes de la barriada más cercana al CETI relatan noches de tensión, gritos, vigilancia vecinal e intentos de acceso a viviendas | Miedo e inseguridad son las palabras más repetidas

El CETI es el lugar por excelencia al que se dirigen todos los inmigrantes ilegales que consiguieron cruzar la frontera desde que la crisis en Ceuta explotó sin precedentes.

Las consecuencias de esta presión migratoria las han sentido de cerca los vecinos de La Colina, quienes han experimentado miedo, inseguridad y temor a la okupación de sus viviendas.

Los vecinos de esta barriada, la más próxima a las instalaciones del CETI, aseguran que su día a día ha cambiado por completo.

Miedo, inseguridad

Miedo, inseguridad y preocupación son las palabras que más se repiten entre quienes viven en esta zona.

Muchos reconocen que han llegado a temer por la seguridad de sus viviendas y que han tenido que organizarse para proteger el barrio.

Las noches están siendo muy complicadas. Con muchísimo ruido, muchísima inseguridad, con intentos de acceso a las viviendas y provocaciones constantes por parte de estos individuos que tenemos aquí. La verdad es que estamos muy fastidiados”, relata un vecino que ha preferido mantener el anonimato.

Colocación de vallas

Aunque reconoce que la última madrugada ha sido más tranquila, explica que la situación sigue lejos de la normalidad. “Es verdad que ayer vino el Ejército y se llevaron varios camiones con ellos, pero aun así hemos tenido toda la urbanización rodeada durante toda la noche”.

La respuesta de los residentes ha sido organizarse por su cuenta. Han colocado vallas en algunos accesos vulnerables y se turnan durante la noche para vigilar la barriada.

Vigilancia vecinal

“Ha habido intentos de entrar en las viviendas. No ha hecho falta ni que fuera de noche. Ayer a media tarde, con la UIP aquí presente, un vecino pidió ayuda para sacar a una persona que había subido por el barranco y había accedido a una casa”, explica Pablo, otro residente.

Según detalla, el arroyo que conecta con la urbanización se ha convertido en uno de los puntos más vulnerables. “Solo hay que subir una ladera y saltar una valla que prácticamente no cumple su función para llegar a las viviendas”.

“Se escuchaban gritos de ‘¡Fuera de aquí!’. Incluso había quien lanzaba petardos para que parecieran detonaciones y disuadirlos. Muchas veces simplemente con hacer presencia conseguíamos que se marcharan, aunque siempre había alguno que llevaba la situación al límite”, relata. 

Los gritos que rompen el silencio de la noche

Uno de los aspectos que más inquieta a los residentes son los gritos que, aseguran, se escuchan con frecuencia procedentes de la zona donde permanecen asentados numerosos inmigrantes.

Creemos que puede estar ocurriendo algún caso de violencia de género. Se escucha una voz femenina y joven y tenemos razones para creerlo después de haber observado la situación durante estos días”, lamenta uno de los vecinos.

“Nuestro primer mundo se nos ha caído”

“Nuestra seguridad y nuestro primer mundo se nos ha caído. Todo esto lo veíamos en otros países, muy lejos de aquí. Nunca pensamos que nuestros hijos fueran a crecer viendo una situación así delante de casa”.

Los vecinos admiten que la presión ha disminuido respecto a los primeros días de la crisis, aunque consideran que la situación sigue siendo muy preocupante.

Asentamientos

Este mismo residente, aficionado al senderismo y que ha vuelto a recorrer el monte tras varios días sin salir, asegura haberse encontrado numerosos grupos de inmigrantes repartidos por distintos puntos de la ciudad.

“He visto asentamientos en la zona del pantano, por Aranguren, en la parte alta del Sarchal. Me he cruzado con grupos de nueve personas, de tres, con menores y también con militares realizando batidas para sacar gente del campo. Estamos muy lejos de la normalidad”.

Una visión diferente

Mientras tanto, otra vecina, que regresó a la barriada este domingo, ofrece una visión diferente. Explica que desde su llegada no ha vivido episodios de tensión.

Esta noche no he escuchado nada, ni de día ni de noche. Gracias a Dios, ahora se está mejor, a ver si se arregla todo esto ya, que llevamos pasado mucho y ellos también”, ha concluido.

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