Ceuta y Melilla no están solas: son ciudades españolas y europeas. Mi opinión es que ha llegado el momento de exigir a Marruecos que demuestre que es un socio fiable, si es que desea mantener un trato preferencial con Europa.
A los españoles, como ciudadanos europeos, nos conviene hablar de Ceuta y Melilla con serenidad y claridad. No estamos ante una disputa abstracta, pues nuestro vecino Marruecos está poniendo en cuestión, con hechos, la españolidad y la europeidad de ambas ciudades autónomas.
Quienes gobiernan Marruecos mantienen su reivindicación territorial sobre ellas. Como opinión, considero que es tan legítima como la de quienes reclaman un Sáhara libre o una república del Rif, aunque en el caso de Marruecos carezca de base jurídica, histórica e incluso geográfica. Lo que no es aceptable es que esa opinión se traduzca en presión fronteriza y en el uso de la migración como arma política. Y, sobre todo, no podemos normalizar que personas, muchas de nacionalidad marroquí, mueran intentando alcanzar territorio español huyendo de Marruecos y gritando muchos de los que entraron… ¡Viva España!
Cada una de las más de un centenar de muertes acontecidas este verano, según distintas fuentes, es una tragedia que precisa asunción de responsabilidades.
España debe exigir a Marruecos cooperación eficaz contra las mafias que trafican con personas y con drogas, reforzar las vías legales de migración y priorizar el salvamento de vidas. Pero también, que asuma sus responsabilidades y compromisos con la Unión Europea, no permitiendo que personas desesperadas sean utilizadas como instrumentos de presión.
"Por dolorosa que sea, esta crisis debe servir para comprobar con hechos, no con declaraciones, si Marruecos es realmente un socio fiable para seguir gozando de un trato preferencial con España y la Unión Europea"
Una entrada masiva en territorio español no puede quedar sin consecuencias. Si las autoridades marroquíes la diseñaron, la impulsaron o simplemente no la impidieron pudiendo hacerlo, deben asumir responsabilidades ante la comunidad internacional. Y si las autoridades españolas no previeron el riesgo o no emplearon los medios necesarios para proteger la frontera y la vida humana, también deben igualmente hacerlo. Hace falta una investigación rigurosa, independiente y transparente que aclare quién diseñó, impulsó o permitió lo ocurrido. De la ciudadanía europea y marroquí depende de que se consiga.
Por dolorosa que sea, esta crisis debe servir para comprobar con hechos, no con declaraciones, si Marruecos es realmente un socio fiable para seguir gozando de un trato preferencial con España y la Unión Europea.
La españolidad de Ceuta y Melilla se sostiene en la historia, en el ejercicio continuado de la soberanía, en la Constitución española, en su pertenencia a la Unión Europea y en la voluntad democrática de sus ciudadanos, que tienen legalmente los mismos derechos que el resto de los españoles. España debe seguir dejando claro que esa soberanía no es negociable, y la Unión Europea debe dejar claro que no se trata de un asunto bilateral entre Madrid y Rabat, sino de las fronteras exteriores de un Estado miembro.
La relación con Marruecos debe combinar firmeza y cooperación. No se trata de enfrentarse a su población, sino de exigir a sus autoridades, fiabilidad y reciprocidad. Las ventajas económicas y comerciales concedidas a Marruecos deben vincularse a compromisos verificables periódicamente por parte de Europa. Entre ellas debe estar el control fronterizo eficaz, lucha contra el tráfico de personas y drogas, la colaboración en salvamento marítimo, respeto de los derechos humanos y garantía de que la migración no se usará como arma de presión.
"No se trata de castigar a Marruecos ni a su población, sino de aplicar una regla sencilla: a más cooperación, más beneficios, y a más incumplimiento, eliminación automática de las ventajas concedidas"
Esa reciprocidad debe aplicarse también al comercio. No es razonable mantener una relación económica privilegiada mientras las aduanas de Ceuta y Melilla siguen sometidas a restricciones e interrupciones. España debería pedir a la Comisión Europea que evalúe si esto es compatible con los compromisos asumidos por Marruecos y que, en caso de incumplimiento, active los mecanismos de diálogo y, si procede, medidas comerciales proporcionales. No se trata de castigar a Marruecos ni a su población, sino de aplicar una regla sencilla: a más cooperación, más beneficios, y a más incumplimiento, eliminación automática de las ventajas concedidas.
España debería impulsar un acuerdo europeo específico sobre Ceuta y Melilla que defienda su españolidad y europeidad como innegociables, refuerce el control fronterizo y la lucha contra las mafias sin descuidar el salvamento de vidas, condicione la cooperación económica con Marruecos a compromisos verificables y relaciones comerciales no discriminatorias, y garantice más recursos, empleo, conexiones e inversión para ambas ciudades, con financiación europea y seguimiento público.
Detrás de las fronteras hay personas. Quiero expresar mi solidaridad con los ciudadanos de Ceuta y Melilla, que soportan en primera línea las consecuencias de esta entrada masiva y no deberían sentirse solos ante algo que afecta a toda España. Quiero reconocer también el trabajo de los representantes políticos de las dos ciudades, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los servicios de emergencia, el desbordado personal sanitario y las ONG que, sobre el terreno, protegen la frontera, rescatan vidas y atienden con medios precarios a quienes llegan. Prestar ayuda a una persona vulnerable no significa aceptar las políticas que la llevaron hasta allí; significa defender a la vez la dignidad humana y el Estado de derecho.
"Que no olviden los ceutíes y los melillenses que no están solos, son parte de España y de Europa, que estamos con ellos y que se está trabajando para asegurar su calidad de vida"
Como ciudadanos, tenemos la responsabilidad actuar. Una forma de hacerlo es escribir a diputados, senadores, eurodiputados y gobiernos para exigir medidas urgentes, con plazos definidos y seguimiento verificable de actuaciones. Apoyar a Ceuta y Melilla no es buscar confrontación. Es conocer su realidad, sostener su economía, defender su condición de ciudades españolas y europeas, y recordar que quienes mueren intentando llegar a España son personas con derechos. Una frontera segura debe ser, a la vez, firme y humana.
Ceuta y Melilla necesitan una política de Estado consensuada y sostenida en el tiempo, basada en la protección de la vida humana, la defensa de la soberanía española-europea, la asunción de responsabilidades políticas, la cooperación con Marruecos cuando demuestre ser un socio fiable, unas relaciones económicas equilibradas, el fortalecimiento social y económico de ambas ciudades y la cooperación al desarrollo con los países africanos.
Que no olviden los ceutíes y los melillenses que no están solos, son parte de España y de Europa, que estamos con ellos y que se está trabajando para asegurar su calidad de vida.
Juan Carlos Maroto Martos
Profesor del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Granada.
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