Llevamos uno de los veranos más trágicos en cuanto a muertes de inmigrantes. Cuerpos sin vida encontrados en el mar que, por su reiteración, pasan ya desapercibidos en una sociedad que se acostumbra a todo, incluso a las desgracias. Esa es la gran pena de esta sociedad: que normalicemos lo que es una auténtica tragedia que está ocurriendo a vista de todos. O, peor aún, que no nos importe o que incluso moleste que se escriba al respecto. Así, en un repaso de las crónicas de las tragedias y de las reseñas sobre los fallecidos te encuentras con mensajes de caballas indignados porque consideran que somos algo así como El Faro de Marruecos por hablar de marroquíes que mueren en nuestras aguas. Marroquíes que fallecen en travesías por escapar de su país o escapar de Ceuta para llegar a la Península. Molestan las muertes y causa indignación que se escriba sobre ello. O, peor aún, hay quienes se mofan de lo sucedido. ¿A dónde hemos llegado?, ¿qué grado de brutalidad hemos alcanzado que ya ignoramos que en menos de dos semanas mueran seis personas en intentos de entrada a nado?, ¿que llevemos decenas y decenas de muertos y muchos más casos de desaparecidos y no solo no nos importe sino que parece que moleste?
La normalización de las tragedias, el mirar hacia otro lado o el indignarse por contar lo que pasa en nuestra frontera sur es signo inequívoco de que no vamos por el buen camino porque nos hemos convertido en una sociedad cerrada, dura y hasta odiosa con una realidad reflejo del fracaso del sistema.
De la normalización se pasa al ridículo o al oportunismo político. Ese que se escenifica en mantener un minuto de silencio porque el alcalde, antes del pleno, se entera que ha muerto un inmigrante y decide hacer ese gesto. Pero lo hace con uno, porque viene bien en la agenda, y en cambio no lo hace para el resto ni tampoco la institución que dirige pone medios para dignificar todo lo que rodea a las muertes de personas sin identificar.
¿Sabe nuestro alcalde que su Gobierno prefiere ceder terreno para una sala de duelo al lado del horno crematorio en vez de ampliar las instalaciones que usan los forenses, lo que permitiría disponer de más neveras para mantener al menos unos días los cuerpos?
Todo lo que está ocurriendo es demasiado triste, demasiado duro y ejemplificador del tipo de personas en que nos estamos convirtiendo.







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