Se cumplen trece años de uno de los episodios más negros de la historia de la democracia en España, el secuestro y posterior asesinato del joven concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Fueron 48 horas en las que el país se echó a la calle pidiendo su libertad e intentar salvar así a un ciudadano de la barbarie de ETA.
Por ello, las Nuevas Generaciones del PP de Ceuta no quisieron dejar de pasar este día para rendir un sentido homenaje a un compañero, que luchó por y para trabajar al servicio de la sociedad vasca, según manifestó la presidenta de la organización, Rocío Salcedo.
La muerte de Miguel Ángel Blanco, al igual que la de otras tantas víctimas del terrorismo representa el intento de terminar con “la libertad, con nuestras libertades y con una sociedad libre”, increpó Salcedo.
“Lo que ocurrió hace trece años fue un momento muy cruel”, recordó Salcedo, para quien no se puede acceder a un chantaje y que es el ejemplo de la durísima tarea que muchas veces puede tener un gobierno, porque “los chantajes son inaceptables”.
“España sería hoy un país mucho peor”, aseveró Salcedo, quien explicó que de haberse aceptado habrían venido muchos otros.
Ante la atenta mirada del presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Vivas, Salcedo leyó el manifiesto en el que condenaban los hechos y pedía mantener viva la memoria de Blanco y de todas las víctimas del terrorismo en España.
Miguel Ángel Blanco alternaba su trabajo con la política desde 1995, año en el que se afilió a Nuevas Generaciones del Partido Popular, dirigidas en aquella fecha por su amigo de universidad y Presidente de Nuevas Generaciones, Iñaki Ortega. Éste le convenció y logró que se integrara en el Comité Ejecutivo de la provincia de Vizcaya.
Cuando tuvo edad suficiente abandonó Nuevas Generaciones y se comprometió con la política local. Fue número tres en las listas del Partido Popular por Ermua en las elecciones municipales de mayo de 1995, en las que el PP cuadriplicó sus anteriores resultados en el pueblo y en las que Miguel Ángel logró su acta de edil.
Miguel Ángel Blanco era una persona tan rigurosa con la puntualidad que sus compañeros de la asesoría donde trabajaba comenzaron a preocuparse por él al comprobar que se había retrasado media hora en la cita que tenia con un cliente a las 15.30 de aquel fatídico 10 de julio de 1997, nueve días después de la liberación de José Antonio Ortega Lara por la Guardia Civil.
Llevaba tan sólo unos meses trabajando en esta empresa radicada en Eibar donde acababa de comenzar su carrera profesional como economista. Un comunicado anónimo en llamada a Egin sobre las 17.30 informó que se había secuestrado a un concejal del Partido Popular en Ermua y que el coste de su libertad era la vuelta de todos los presos de ETA al País Vasco antes de las 16 horas del sábado 12 de julio.






