Tiene solo 7 años y tuvo que esperar más de dos horas para ser atendida en el hospital. Ustedes dirán que bueno, le ha tocado. Pero si ahora les cuentan que la chiquilla tiene autismo y que este tipo de esperas es muy perjudicial para su estado quizá esa impresión inicial cambie. Ansiedad, nervios, estrés... son solo algunas de las consecuencias, las más suaves, que pueden experimentar. Y es lo que esta misma semana le ocurrió a una pequeña que, acompañada de su madre, tuvo que acudir a urgencias.
El caso no es aislado. Otro padre acudió con su hijo pequeño al hospital. En este caso tiene Síndrome de Down. También tuvo que esperar varias horas en urgencias a la espera de que lo pasaran para que los sanitarios lo pudieran atender.
Algo estamos haciendo mal cuando perdemos el tiempo en cuestionar asuntos sin interés o en protestar por alcanzar logros ridículos, pero no nos damos cuenta de asuntos cuyas consecuencias son gravísimas para algunas familias.
En algunas comunidades autónomas hay protocolos que establecen que los niños con autismo sean atendidos los primeros. En Ceuta no lo hay. Su existencia y posterior aplicación evitaría este tipo de casos, evitaría el sufrimiento de una niña de solo 7 años y su familia. No cuesta nada pero se gana mucho, muchísimo.
Solo es cuestión de delicadeza, de atención o, si me apuran, de interés. Pero de interés del bueno.
La cartilla sanitaria TEA lleva a que quienes padecen autismo tengan que ser atendidos antes precisamente para evitar este tipo de situaciones. Funciona a la perfección en otros puntos del país. Ahora que estamos de inauguraciones, de ‘venta’ de mejoras sanitarias’, de avances, de ser algo así como la bandera de la modernidad sanitaria... nos topamos con gestos difíciles de entender, con carencias cuya solución es simple, con fallas que duran y duran dejando en el camino a víctimas inocentes derivadas de la poca empatía de la administración.
No cuesta tanto, hay que tener interés. Quizá esa sea la clave, ponernos en la piel de los demás.






