Los países que olvidan su historia corren el riesgo de caer en los mismos errores. No olvidar para recordar a los violentos que nada se consigue con la crimen y que el Estado de Derecho se impone y se impondrá siempre a los que intentan lograr sus propósitos asesinando, amenazando, excluyendo y aterrorizando a los que no piensan como ellos.
Los españoles hemos sufrido durante más de cinco décadas el terror del grupo terrorista y criminal de ETA. Terror que sufrimos muy especialmente los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, objetivo principal de estos criminales cobardes y de las alimañas que los apoyaban y protegían.
Los más jóvenes han tenido la suerte de vivir los últimos años de esta banda carroñera, pero deben conocer lo que ocurrió para que nos los confundan los que intentan extorsionar la historia de España. Los asesinos de ETA mataron a 486 miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Esta ha sido la sangría que la organización terrorista dejó en las filas de estos trabajadores públicos, a los que tendríamos que sumar también a sus hijos y mujeres. Porque, como ocurrió en el atentado de la casa cuartel de Vich, o el de Zaragoza, estos servidores públicos vieron sacrificadas la seguridad de sus familias, psicológica y físicamente. Pero además está también la estadística de las otras víctimas silenciosas, los heridos, muchos de ellos con lesiones físicas permanentes, y casi todos con lesiones psicológicas de por vida. Todos son víctimas del terrorismo y nunca perderán su condición de víctimas y, por lo tanto, se merecen el apoyo, respeto y el homenaje permanente de la sociedad española.
Ese trato digno debe comenzar por respetar a las víctimas y que la sociedad conozca que estos asesinos perdieron la batalla del terror gracias a la sociedad española y, muy especialmente, al trabajo de guardias civiles, policías y jueces que se encargaron de encarcelar a los asesinos y a sus cómplices. Presos que gracias a la grandeza de la democracia tuvieron todas las garantías legales para defenderse. Los del tiro en la nuca y sus cómplices tuvieron la posibilidad de defenderse, esa posibilidad que no tuvieron sus víctimas.
Pero no sólo vamos a recordar a los guardias civiles y policías, porque estos criminales han segado la vida de 900 personas. Ciudadanos, seres humanos que no han tenido la posibilidad de ver crecer a sus hijos. Madres que han enterrado a sus hijos y han perdido la ilusión de vivir. Miles de españoles que han tenido que aprender a vivir sin sus seres queridos.
Llevamos treinta y ocho años disfrutando de paz y democracia en nuestro país. Un país donde los ciudadanos pueden expresar libremente sus opiniones y pensamientos de forma pacífica, pero no tratar de imponer mediante el terror sus postulados. Las democracias se diferencia de las dictaduras en la que no hay presos políticos, porque como decía, todos y cada uno de nosotros podemos expresar libremente nuestros pensamientos, eso sí de forma pacífica, sin hacer daño a los demás, ni a los bienes de los demás. Por eso podemos decir sin confundirnos que España es una democracia, donde los ciudadanos gozan de unas garantías jurídicas plenas dignas subrayar.
No todo el mundo conoce lo que escribo o por lo menos, eso me parece a mí. Por eso decía, ni perdonar, ni olvidar.





