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Neutralidad y distancia profesional: Un reto para las ONGs

Decía mi profesor de Teoría del Estado, D. Manuel Zafra, que lo que caracteriza a una verdadera DEMOCRACIA no es el gobierno de la mayoría sino la protección de su minoría. Proteger a las minorías es humanizar la política, vacunar contra la intolerancia y prevenir el inmovilismo. Los planteamientos de la minoría de hoy pueden ser el motor de cambio y de progreso del mañana. Siempre hay que dejar un resquicio abierto a  la posibilidad de estar equivocados. Considero que los mejores líderes son los que saben llegar a un término medio con los contrarios, a una solución intermedia o pactada. La sobregeneralización, la dramatización, la polarización, el echar balones fuera, la percepción negativa son errores cognitivos frecuentes a los que tenemos que poner freno.

Las hipérboles, los insultos y las descalificaciones mutuas no suelen ser la mejor vía de resolver los conflictos, tampoco la violencia ni la intimidación ni el chantaje emocional. Hay que dejar que todos los periodistas y que los activistas sociales hagan su trabajo. No es nada fácil estar a pie de calle con personas pobres y vulnerables. La pobreza es molesta. Como leí hace tiempo en un cartel: “No hay personas feas sino pobres; y si no que se lo digan a Ronaldo”. La aporofobia es el rechazo al pobre; el aspectismo, el rechazo o la discriminación por el aspecto físico, por no cumplir con los estándares de belleza. El miedo patológico, la repulsión extrema a la suciedad, a la contaminación, al mal olor o a los gérmenes se denomina germofobia. Como dicen en La Revuelta, ¿cuánto tenemos de estas fobias?

El trabajo de los profesionales del ámbito de lo social es emocionalmente difícil y no debemos ponérselo más aún. Sus competencias profesionales deben ser la neutralidad y la distancia asistencial en contextos de alta tensión comunitaria y de rechazo de la población local como la acontecida ante la entrada masiva y repentina de personas que vienen a nuestra ciudad a solicitar la protección internacional; al menos un porcentaje de ellos. Según la metodología de trabajo de la intervención social, el integrador social no debe posicionarse solo con la población que llega sino priorizar, en un principio, la gestión del conflicto y del miedo de la sociedad receptora.

¿Se está realizando esta labor pedagógica y de comunicación por parte de los técnicos de los servicios sociales de la Ciudad y de los voluntarios o activistas de las ONGs que están o que llegan con voluntad de ayudar a nuestra ciudad? La intervención clásica individual es insuficiente y se debe aplicar un enfoque macro y comunitario en dos ejes: En primer lugar, la desactivación del conflicto con la población autóctona y, en segundo lugar, la gestión de la emergencia y contención de la entrada de personas en situación irregular.

El agente social no debe juzgar ni confrontar directamente este rechazo de la población local, sino gestionarlo con escucha activa, transparencia informativa e intervención comunitaria bidireccional.

  • Creando canales donde los ceutíes pueda expresar sus temores y quejas sin sentirse criminalizados ni juzgados por ello. Sentirse escuchados reduce la impulsividad.
  • Ofreciendo datos objetivos a la población, de fuentes oficiales, sobre los recursos que se están empleando, de dónde proceden y qué beneficios aportan; evitando que la información partidista o parcial alimente la crispación.
  • Dinamizando proyectos donde los beneficios de la intervención repercutan positivamente en toda la comunidad, no exclusivamente en los recién llegados, como mejoras en los espacios públicos, talleres mixtos y mediación vecinal.

Lo que ha fallado en esta entrada invasiva es el diagnóstico compartido y la atención humanitaria temprana, la agilización actual de los trámites y el reparto y asunción de nuevas funciones por parte de todos los integrantes del operativo. ¿Cómo es posible que hoy viernes a las 12.30 de la mañana no haya nadie esperando o haciendo cola en la puerta de la Oficina de Extranjería de la Delegación de Gobierno de Ceuta? ¿Qué hacen a día de hoy tantas fuerzas de la seguridad social, militares y profesionales de lo social sin pedir documentación en las calles o en las puerta de los supermercados o en el reparto de comida a todas aquellas personas que han entrado en situación irregular para tenerlas cuantificadas, identificadas y derivadas a los recursos pertinentes? ¿Por qué no se han dotado aún de todos los recursos y de los protocolos necesarios?

  • Triaje sociosanitario y atención de las necesidades básicas: Cobertura inmediata de alimentación, salud, higiene, ropa y pernocta. Así se podría haber evitado la ocupación de los espacios públicos, el hacinamiento, la cronificación de los problemas y el aumento del rechazo local.
  • Detección de perfiles vulnerables: Identificación prioritaria de menores no acompañados, mujeres solas, víctimas de trata o personas con trauma psicológico o problemas graves de salud, y su consiguiente derivación con carácter de urgencia.
  • Mediación intercultural e Información básica a los recién llegados, con pautas claras y comprensibles en su idioma sobre las normas de convivencia locales, el funcionamiento del entorno y los límites legales para minimizar los roces culturales. ¿Quién se está ocupando de esta labor en nuestra ciudad? La figura del mediador/a natural es fundamental porque las personas de la misma cultura, idioma o procedencia, que ya estén integradas en la localidad, pueden actuar como facilitadores entre ambas realidades. Y mejor si estos mediadores “naturales” están titulados en algunos de los grados universitarios o de formación profesional de nuestra ciudad: Técnicos en integración social, animación sociocultural, promoción de la igualdad, educación social, magisterio, trabajo social, psicólogos que podrían ejercer estas funciones, preferentemente en espacios compartidos pequeños como colegios, asociaciones de vecinos, clubs deportivos, que en eventos multitudinarios que suelen polarizar más a la población.

Ya véis que no es tarea fácil tener que demostrar neutralidad y distancia asistencial, capacidad de escucha y de objetividad, tanto frente a discursos de odio de la población local como ante las demandas desesperadas de los usuarios, mantenerse pacientes, resilientes, tolerantes y, ante todo, trabajando en red con actitud constructiva.

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