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El baile del "Caderú": el baile socialista de moda

El baile del Caderú lo puso de moda el dictador venezolano Nicolas Maduro hace ya casi dos años. Movimiento de caderas de político-mitinero que da una visión estrambótica, más que otra cosa, a quien con él se atreve; sobre todo si te hacen corro, tocan las palmas y eres parte de un decorado de fingida alegría que intenta provocar entusiasmo y fervor. En eso se lleva la palma Marisú: aquella que se definió a sí misma como «la mujer con más poder del conjunto de la democracia», que ha dejado virales antológicos en tik tok, con aperturas de boca, sacadas de lengua y torcidas de cabeza, que más parece Kaa, la serpiente de Disney, cada vez que le da el subidón de satisfacción tras apoyar al líder supremo.

El Caderú, junto a la salsa y el tecno, configuró la hoja de ruta bailona del dictador caribeño que, poquito a poquito, lo llevó a su “extracción” un año después del primer Caderú y a los pocos días de un baile de salsa, interpretado como provocación por el “zumosol estadounidense”, otro que tal baila, nunca mejor dicho; presidente infantilizado que presume de dólares y armamento, además de hacer gala de su natural despotismo; histórico proceder de los lideres anglosajones respecto de los países del Cono Sur, que se manifiesta en un marcado intervencionismo político, asimetría económica y creencia de superioridad cultural; o lo que los politólogos definen como imperialismo informal y pragmatismo estratégico.

¡Ojo Pedro, que el gringo no distingue entre hispanos y cualquier día te “extrae” también!

Nuestro presidente y toda su parentela ejecutiva actual del partido sanchista, encajan mejor entre lideres y políticos caribeños que europeos, tal y como se comportan en los mítines (y fuera de ellos): se aplauden, se abrazan, se gritan, “se” bailan... Si a esto se añade que traen al mitin la historia del “marido enamorado” pues ya tenemos el culebrón mediático. Pedazo de presidente del gobierno de España que le habla a su Begoña desde el atril para decirla (“la”, que son de Madrid): «Quería darte las gracias. Gracias por ser mi esposa, por ser la madre de mis hijas y por ser mi mujer (...) Que lo escuchen alto y claro: te quiero» ¡Tela!

No me digan que no es acojonante. Lo de esposa y mujer en el mismo tramo no lo cojo, ¿son estados distintos? El «te quiero» quedó cortito de énfasis, para ser un hombre por dos veces «profundamente enamorado», y eso que estuvo la primera vez cinco días para echar la carta, así que le podía haber puesto más ardor a la declaración.

¡Hay que tener cara para hacer una proclama de amor en un mitin! Debe ser que como estuvo un tiempo en EEUU se le pegó lo de “me pongo de rodillas en el descanso del partido y te entrego el anillo de pedida”. Esperpéntico exordio que busca la benevolencia del público para la conexión emocional a través del uso y abuso escénico de la pareja que dícese enamorada; por eso se pone más énfasis en la presentación que en la exposición (desarrollo de las ideas) o la peroración de final político clásico; ahora, como hay prisa “pa to”, además de mucha desvergüenza y pocos argumentos, se va a lo emocional desde el primer momento, al objeto de situar al sujeto mentalmente a nivel del “corazón” y no de la razón y ya en ese estado te tragas cualquier cosa, hasta un ¡viva el partido del amor! o un ¡viva la fuerza del amor!

¿No me dirán que no tiene jeta el presidente con la que está cayendo? Zapatero dijo, «ser socialista consiste, normalmente, tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho», ahora, además, ser socialista va a ser, normalmente, estar dispuestos a ser parte de “mítines first dates”, pero con “el Pedro Sánchez” que no “el Pedro Piqueras”.

Cuando pienso en mi tierra, de como nos han traicionado, de las mentiras contadas y del futuro incierto al que nos están llevando, al verlos bailar tocando las palmas como quinceañeros desbocados se me revuelven las tripas, al tiempo que sigo sin explicarme como hay todavía quien puede defender y votar a esta pandilla.

Lo menos que se les puede pedir a los representantes políticos es seriedad en momentos tan críticos como los que España ha pasado por falta de previsión y cuido de lo público, por citar algunos: la tragedia de la DANA, los desastres por incendios, el accidente de Adamuz, los desahucios, el fracaso en educación, el éxodo de nuestros universitarios, la falta de presupuestos... la crisis en Ceuta. No, nada que ver con la tristeza, pero sí con la asunción del momento y las dificultades que nos rodean actualmente y, en correspondencia con lo anterior, aquí sus causas: ausencia de obra pública de envergadura, desprotección del medio ambiente, falta de mantenimiento de la red de transporte, ausencia de una política generadora de vivienda, ausencia de una política nacional de educación, emigración, corrupción... seguridad ciudadana.

¡Como para ir a un mitin a bailar!

Esto no es nuevo, el primero que le echó jeta fue Iceta, que ya bailaba de secretario general del PSC y en la “operación triunfo psoe 2021” consiguió el ministerio de Política Territorial, después el de Cultura y para que siguiera bailando -que para eso es socialista catalán, ya saben como otro partido- su Pedro lo mandó a París, “delegado permanente de España ante la UNESCO” le dicen; sí, el mismo que tiene 27 inmuebles con un valor de mercado conjunto superior a los 10 millones de euros y un desfase «tela marinera» entre el patrimonio destapado y el declarado públicamente. ¡Y es que este socialista baila una barbaridad!

Esto del baile y los amores personales traídos al escenario más que humanizar a los candidatos y hacer que los sintamos cercanos me da que les resta credibilidad y autenticidad, además de parecer una frivolidad cuando el contexto económico y social no está para tirar cohetes, precisamente. Antes bien, lo que necesitamos son exposiciones serias, en vez de expresiones artísticas en la que el medio principal es el propio político y sus contorsiones en vivo; aunque hay quien piensa que sus efectos serán buenos -pura sociológica política- y ellos se prestan al baile por ser el último cartucho electoral que les queda por ensayar.

En fin, una performance del sanchismo en busca del voto joven, del confiado, del indeciso, de los “volubilis” que decía mi amigo; que un voto, como París, bien vale una misa, perdón un Caderú.

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