Desde que Francisco José Carrasco García, conocido como Kike, tenía 5 años, ha estado en el negocio de la pescadería. Primero acompañaba a su padre en el puesto que siguen teniendo en el Mercado Central de Ceuta y luego pasó a hacerse cargo de una actividad que comenzó su abuela Eduarda, a quien llamaban ‘la almejera’ y que llegó a Ceuta desde La Línea.
“Yo con 5 años ya me venía a ayudar a mi padre, a echarle una manita aquí y desde muy pequeño esa era mi profesión en este mercado. Este puesto fue primero de mi abuela, después fue de mi padre y ahora es mío, yo soy la tercera generación aquí en el Mercado Central”, recordó.
Aunque la pescadería de Kike no tiene nombre, así como ocurre con las demás del mercado, muchos la conocen y se detienen a comprar todo lo que ofrece, los productos más frescos.
“Yo tengo clientes de mi abuela, ya son personas bastante mayores, algunos tienen noventa, noventa y tantos años, y de mi padres y también míos. La respuesta ha sido la que hay, no hay otra, la gente tiene que comer”, contó Francisco.
En el puesto de Kike venden pescados y mariscos, pero aparte de eso él se dedica a la salazón, labor que aprendió también desde muy pequeño. Dice que en estos momentos lo que más se vende es precisamente el pescado seco, así como la concha fina, las ostras, el bogavante, las sardinas, el jurel, entre otros, todos traídos desde la Península. “Yo aparte de vender pescados y mariscos frescos también me dedico a la salazón, desde muy pequeño aprendí esta profesión que es salar pescado y secarlo, que es muy típico de esta ciudad y sigo dedicándome, tengo otro negocio aparte de este, que es donde seco todo”.
Comentó que cuando traían el pescado desde Marruecos les salía más barato, pero el cierre de la frontera los llevó a reinventarse con buenos resultados, “el único problema es que ha subido un poco el precio, pero por lo demás estamos trabajando muy bien gracias a Dios”.
El primer mes de pandemia, ante la incertidumbre y el miedo de la gente, decidió quedarse en casa, pero luego retomó sus labores y se siente agradecido porque ha podido salir adelante a pesar de las circunstancias.
“Al principio de la pandemia nos cerraron la frontera y nos prohibieron traer el pescado desde Marruecos, justamente una o dos semanas después, y como aquí en Ceuta hay pocas pesqueras, pues salimos a la Península y empezamos a contactar con proveedores y aquí estamos, trabajando con ellos y la verdad es que muy bien, hemos ganado en calidad, en frescura, en todo, lo único es que se nos ha subido un poco el precio”.
Kike trabaja en el puesto FP 38 de martes a sábado, de ocho y media de la mañana hasta las dos y media de la tarde, siendo las horas de las once y doce las más ocupadas. Los demás días se los dedica a su otra labor: la salazón.
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