La autoridad judicial ordenó ayer la entrada en prisión del detenido por el crimen de Mohamed. Ahora solo queda dejar trabajar a la justicia, seguir permitiendo que la investigación siga su curso y la Policía agote todas las vías posibles hasta cerrar el caso.
No debe quedar un resquicio, ni un fallo, ni una sola grieta que permita que el sistema se tambalee y no dé la respuesta pretendida. Hay muchas operaciones que han fracasado, que han quedado sin el castigo debido, precisamente porque no se ha tenido ese margen de respeto. El trabajo profesional de la UDEV de la Policía Nacional ha recibido la aprobación y el respeto de toda la ciudadanía.
Este caso era tan delicado, afectó e impactó a tantísimas personas, que era necesario obtener como respuesta una acción profesional para que pudiera arrojarse luz. La Policía y la Justicia han actuado y seguirán actuando; ahora solo queda que también lo haga la sociedad y los medios de comunicación. La máxima que debe primar es el respeto a una familia y a un niño cuya vida fue arrebatada de manera salvaje.
Ese respeto se traduce en no ir más allá de lo que debe publicarse, en no alimentar el amarillismo o un exceso de datos innecesario. Los delitos por los que se investiga al detenido son claros, no es necesario incrementar el dolor de unos padres que deben ser arropados por toda Ceuta y que deben encontrar justicia para calmar la ausencia del pequeño Mohamed. El camino para conseguirlo es trabajo de todos.
La Policía ha dado una lección aun quizá sin pretenderlo: ha trabajado en silencio, ajena a la presión, sin exponerse ni mediatizar cada paso que daba. Los resultados no caben sino la aprobación generalizada.






