Vídeo / fotos: Mauro Mancebo
Plena Inclusión culmina la campaña donde da gracias a las personas que “aparentemente” no hacen nada por integrar a las personas con discapacidad.
Hoy se cumple un año del cambio de marca del movimiento asociativo Feaps a Plena Inclusión. Para conmemorar este aniversario, y con el objetivo de continuar sensibilizando a la sociedad sobre la inclusión de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y la de sus familias, Plena Inclusión lanzó su campaña ‘Gracias Por Nada’. Un mensaje cargado de significado porque, ¿y si lo mejor que pudieras hacer por este colectivo fuera nada? En la caja física y virtual distribuida por este Día de la Plena Inclusión, está la clave.
El responsable de Comunicación y la psicóloga de la entidad en Ceuta, Juanmi Armuña y Vanesa Estepa, explicaron cuáles son los objetivos de la campaña ‘Gracias por Nada’ y cómo propiciar ese cambio hacia la inclusión. “De lo que se trata es de difundir ese mensaje, que no hacen falta grandes cosas, aparentemente me refiero cuando digo grandes, porque no hacer nada puede significar mucho: no discriminar, no mirar con recelo a las personas con discapacidad y trabajar para que esta sociedad sea más inclusiva y más justa. Yo creo que la plena inclusión, y lo tenemos claro desde aquí, es un trabajo de todos, todos podemos aportar nuestro granito de arena y conseguir una sociedad más inclusiva”, destacó Armuña.
“Lo que queremos es que la gente los vea como una persona más y hechos como saludarles en la calle, una sonrisa o un necesitas ayuda en algún momento si ves que la necesitan, para ellos es muy importante”, apuntó Estepa. “Simplemente con que un niño en el parque juegue con otro, ya estamos incluyéndoles en la sociedad. Al compartir un Blablacar, no tienes por qué saber si esa persona está casada o divorciada. Simplemente es uno más. Como no discriminamos por el estado civil, pues no lo hagamos por la mochilita que llevan detrás porque lo que hacemos es meterles más piedras”, argumentó la psicóloga de Plena Inclusión.
Por su parte, los usuarios Vanesa Olmo, Goyo Andreu y Yusef Hamido contaron cómo perciben su integración en el día a día. “Ellos allí me respetaban”, dijo Andreu en referencia al trabajo que desempeñó en el IES ‘Camoens’; “aunque hay de todo, como en la viña del Señor. Unos que se cachondean y otros que no”, acertó este beneficiario de los programas de la entidad. Su compañera, Olmo, reconoció que se siente respetada en su vida cotidiana, aunque lanzó un alegato en favor del colectivo: “Que no nos miren, que nos traten bien, que nos respeten como a un adulto, que no nos digan niños chicos; y también que no nos discriminen”.
“Yo lo llevo bien, con los compañeros también. Llego al colegio y hago las cosas, lo que me dicen. Me llevo bien con todos. Como aquí, voy al piso tutelado… Con los compañeros pintamos, hacemos muñecos y arreglamos de todo”, comentó Hamido en las instalaciones del edificio anexo al colegio Juan Carlos I.
Una de las asignaturas pendientes para el colectivo es su incorporación al mercado laboral. La psicóloga de Plena Inclusión apostó por la designación de unos puestos de trabajo “más específicos” dependiendo de las características de estas personas. “En Plena Inclusión tenemos un amplio abanico de talleres de inserción laboral en los que aprenden jardinería, a utilizar herramientas, a realizar las tareas de un conserje, desarrollar labores de limpieza…”, enumeró Estepa. Solo es cuestión de que la sociedad “se involucre con estos chicos”, reflexionó, “y le demos la oportunidad que les demuestre que son uno más”.
Es el caso de Olmo y Andreu, que ya tuvieron contacto con su primer empleo. “He estado trabajando de pinche de cocina y de limpiadora, pero también hemos hecho un cursillo de catering, de camarera y otro de repostería. A mí me gustaría que nos llamasen otra vez para trabajar el año que viene”, relató la usuaria. Andreu recordó cuáles eran sus atribuciones cuando trabajo en el ‘Camoens’: “Limpiaba los cuartos de baño, las escaleras, las clases; porque los niños son un desastre”. En cuanto a si le gustaría volver a repetir esta experiencia, este usuario admitió que encontrar una salida laboral es “difícil porque trabajo no hay para nadie, con la crisis… A ver si se arregla todo”, añadió con simpatía. Otros, como Hamido, están esperando una oportunidad. “Tengo 44 años y nunca me han llamado. Pido que me den un trabajo. Espero tener suerte”, se postuló.
El Día de la Plena Inclusión lleva presente en las calles de Ceuta desde hace días a través de la cartelería en paneles y comercios además del mural vertical que luce la fachada del Palacio Autonómico. En las redes sociales, ya circulan las historias protagonizadas por tres personas con discapacidad dentro de la campaña nacional. “Son Abraham, un pequeño que juega en el parque y se relaciona con el resto de niños; también tenemos a Antonio, que participa en Blablacar y, con una cámara oculta, se ve su día a día; y finalmente Carmen, que es la otra protagonista de esta campaña. Ella, como otros usuarios de Ceuta, es un claro ejemplo de la plena inclusión. De que personas con discapacidad pueden desarrollar un trabajo también en la sociedad”, concluyó Armuña.
Pero, ¿qué esconde esa caja que reparte Plena Inclusión? ¿Qué puede ser el mejor regalo para estas personas? Nada, porque con nada, se puede cambiar todo.





