El recuerdo es lo que nos hace fuertes. Tener presente a quienes formaron parte de nuestras vidas es un gesto digno y necesario.
La Federación de Fútbol lo entendió y decidió crear el llamado Muro del Recuerdo. Allí se han ido colocando placas con nombres de personas fallecidas que dejaron huella en el deporte.
Su creación es algo más que un símbolo, supone un homenaje a quienes estuvieron dando alegrías a toda una ciudad. Sus familias son las primeras que los echan de menos, pero esas personas lograron también algo mágico: que sus acciones formen parte de cuantiosos recuerdos colectivos.
Eso es increíble y solo por eso debe ser recordado.
Poco a poco se ha ido avanzando en ese mural, se han ido incluyendo nombres, apellidos y fechas.
Cada una de esas placas tiene un significado que no puede medirse, ni siquiera valorarse. Un gol puede suponer mucho más que una victoria, una decisión en el ámbito deportivo puede inyectar ilusiones a muchísimas familias, unas acciones de los considerados ídolos pueden ayudar a niños que garantizarán así el buen camino elegido.
Las acciones individuales tienen una gran repercusión de la que quizá no seamos conscientes. Por eso, precisamente por eso, quienes figuran en esas plaquitas merecían estar en un hueco más allá de las crónicas periodísticas recogidas en hemerotecas o en programas de televisión.
Merecían tener un rincón especial permanente, único, al que además hay que hacerle la oportuna publicidad para que no pase al olvido, para que sea motivo de debate, de conversación, de compartir vivencias y de convivir.
Una placa, un recuerdo y un mural pueden tener más fuerza que cualquier otra acción. La Federación de Fútbol lo supo entender y además mantener.







Totalmente de acuerdo. Es un merecido homenaje a los que se una forma u otra crearon ilusión entre la afición caballa. Bravo.