Los dos jóvenes hallados muertos en Anyera cruzaron la valla con otro compañero. La Guardia Civil investiga todos los datos de los que va disponiendo para reconstruir esta historia

Fue su último salto. Tras cruzar la valla de Ceuta y andar perdidos por el monte fallecieron. Aquí, en una ciudad tan deseada como desconocida se desplomaron y dejaron sus vidas.

Los informes de los médicos forenses deben determinar al detalle cómo fueron esos últimos momentos, los últimos minutos de los dos varones subsaharianos cuyos cadáveres se encontraron entre el viernes y el sábado en la zona de Anyera.

Ya se sabe que no sufrieron lesiones con las concertinas y que no presentan golpe alguno. Pero se ha ordenado un análisis más especializado para aclarar todas las dudas.

La presunción inicial es la que ha trascendido de forma oficiosa: se les paró el corazón en una mezcla de excesivo esfuerzo, de exposición durante muchas horas al frío, de bajada brutal de temperatura.

La Policía Judicial sigue trabajando en el caso: hay dos muertes y todo debe quedar concretado al detalle. En esa reconstrucción de lo sucedido, en ese desandar el camino se ha podido averiguar que los dos fallecidos saltaron la valla junto a otro joven que sí llegó hasta el CETI.

El compañero que llegó al CETI fue quien avisó para que la Guardia Civil les buscara

Fue él el que avisó que había cruzado con dos compañeros más que se habían quedado atrás y con los que no había podido reunirse.

Su declaración fue tenida en cuenta. Eso llevó a que patrullas de la Guardia Civil recorrieran la zona de Anyera, a varios kilómetros de la valla. Así encontraron el cuerpo del primer cadáver.

En el camino. Como si hubiera salido de la maleza y hubiera intentado andar hacia la carretera en un monte desconocido, tapado por la maleza, próximo al cuartel. Allí murió y allí fue encontrado. Se siguió buscando más sin éxito hasta que el sábado, por casualidad se vieron unos zapatos que salían de una zona tapada por maleza. Era el segundo compañero.

Hubo que pedir ayuda a los Bomberos para verificarlo. Cuando cortaron todo se comprobó que era el segundo subsahariano desaparecido, en un socavón profundo en el que quedó dormido y oculto. Los dos son la pareja que acompañaba al joven que sí llegó al CETI pero hay que identificarlos más allá de una valoración.

En esas se está, también en reconstruir esos últimos minutos de un salto que no terminó en el Boza deseado. Por esta zona del perímetro han entrado esta semana varias personas. Media docena, sin contar los fallecidos.

Es una zona complicada en donde se desgarró un adolescente quedando grave y por donde, desde el lunes entraron solos o en parejas algunos jóvenes quedando heridos y de cuya presencia, en varios casos, se supo al llegar al CETI, debido a la permeabilidad que presenta el sistema de alarmas en jornadas de viento y lluvia.

La Benemérita tomará declaración a quien puede saber algo de esta tragedia, intentará identificar a los dos jóvenes para cerrar sus historias.

Pero más allá de su trabajo queda en evidencia las duras condiciones que rodean a personas que llevan al extremo sus vidas, que arrastran meses de extrema debilidad en los bosques evitando su detención en Marruecos y que agotan sus energías saltando dos vallas y huyendo kilómetros por el monte, a la carrera, porque temen las devoluciones y ni siquiera saben dónde están.