(A mi amigo Manolo Galiano, con quien tanto quiero)
¿Conocen los michirones a la murciana?
Los michirones son un plato tradicional murciano, un guiso de habas secas con ingredientes como chorizo, jamón y panceta, muy apreciado en la región. Su origen se remonta a la cocina humilde y rural de Murcia, donde las habas secas, conocidas como "michirones", se cocinaban durante horas para obtener un plato nutritivo y sustancioso.
Su origen se remonta a la antigua Mesopotamia, aunque durante un tiempo fueron mal vistas por los sacerdotes egipcios que prohibieron su consumo ya que esta planta era la primera que nacía en los fangos tras las inundaciones del Nilo y se las asociaba con la desolación.
Las habas secas fueron alimento de sumerios, los egipcios y romanos que ya usaban legumbres secas, por su larga duración, para alimentar a sus legiones. Desde Oriente Medio a Marruecos existen bastantes recetas cuyo ingrediente fundamental son las habas secas.
Sus ingredientes básicos son:
Habas secas, chorizos pequeños, panceta, laurel, guindilla seca, pimentón dulce, hueso de jamón.
La forma de cocinarlos es tan sencilla que no ofrece ninguna dificultad, pero eso ya es otro tema que podréis preguntar en el "Rincón de Pepe" 0 a Raimundo González Frutos, laureado michironero y adalid de los yantares de la huerta del Segura.
Cuando mi amigo Galiano y yo comenzamos la revolución a los 16 años los michirones se convirtieron en una comida de campamento; tan sencillo como abrir la lata y calentarla en el hornillo mirando a las estrellas.
Recuerdo el ceremonial en las montañas de Crevillente: plato de camping de acero inoxidable, el sabor humeante del caldo terroso, añadirle pimienta y si no había cucharas valían palillos o el filo de un cuchillo compartido.
El vino tinto de jumilla, la luz de una linterna de petaca, canciones populares. "Que culpa tiene el tomate si está tranquilo en la lata". Entre michirón, panceta y tocino hablábamos de los patrones explotadores, los salarios de miseria, Fidel, Lenin, Marx, la clase obrera y la guerra civil. Galiano era apasionado y defendía con vehemencia sus ideas políticas plagadas de anécdotas que había leído, escuchado o que le contaron camaradas en una especie de liturgia de confesión.
Nos repartíamos el tocino, el chorizo y mojábamos esa sopa que contenía la esencia de la tierra trabajada de agricultores.
A mi amigo le encantaba el picante y la guindilla era una victoria. Se comía un ajo crudo cuando despuntaba el sol.
Yo descubrí el manjar gracias a mi amigo, cuando nos reuníamos en casa de sus padres furtivamente, como si fuéramos miembros del comité central.
Con la edad, la lata se convirtió en recuerdo y ya los comíamos en tascas de mala muerte, tabernas y bares de tapas.
A nuestra ideología michironera se apuntó otro amigacho y buen conversador, una de las personas que más sabe de todo y que le saca punta a cualquier tema: Don Antonio Clemente. Tenía mil formas caseras de preparar los haciendo un maridaje entre la lata y los ingredientes añadidos para reforzar la pitanza.
Con los años, a los michirones se incorporaron otros temas de conversación pero esas habas hervidas con sus avíos ya no reivindicaban al Ché, o a Valentín González, el campesino.
El viernes, el Comité Central participará avistando ovnis en la montaña. La alerta ovni es la coordinación de esfuerzos para observar fenómenos aéreos anómalos, especialmente en el contexto de la radio. Antonio José Álex nos puso a buscar en la noche del 25 de julio objetos voladores no identificados. Comenzó en 1979, en el año que descubrimos los michirones. Sería bueno llevar una lata en la mochila como kit de supervivencia.
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