Ceuta va a hacer por su Cristo lo que debería haber hecho hace mucho tiempo. La imagen del Santísimo Cristo de los Afligidos, el Cristo del Puente, esa pequeña talla del siglo XVI que custodia desde tiempos inmemoriales la entrada a la ciudad amurallada, llevaba décadas hacinada en una hornacina que no estaba ni prevista en el proyecto original, instalada con carácter provisional en el año 2003 y que nunca resolvió los graves problemas de humedad que arrastraba el espacio.
Ahora, dentro del ambicioso proyecto de rehabilitación del Baluarte de los Mallorquines, la Ciudad Autónoma ha incluido una actuación específica para darle al Cristo lo que merece: una capilla real, con casi el doble de superficie, librada del almacén de mantenimiento municipal que comparte pared con la imagen desde hace décadas.
El proyecto, redactado por el arquitecto Ángel Moreno Cerezo con un equipo del Colegio de Arquitectos de Ceuta y financiado por la Consejería de Comercio, Turismo, Empleo y Deportes a través de la sociedad PROCESA, contempla pasar de los actuales 7,33 metros cuadrados de la capilla a 14,07 metros cuadrados.
La clave está en un muro de bloques de hormigón hueco que actúa como tabique divisor entre el espacio de culto y el cuarto de instalaciones de 31 metros cuadrados situado a sus espaldas.
Según el proyecto, ese “telón”, que apoya sobre un dintel y no es elemento estructural portante del inmueble, será desmontado para liberar el espacio que durante años ha servido como almacén de servicio municipal.
La estructura real del edificio son los muros perimetrales de hormigón, por lo que la demolición del tabique interior no compromete en ningún momento la estabilidad del conjunto.
La memoria del proyecto es especialmente reveladora sobre el origen del problema. El texto del proyecto de rehabilitación, al que ha tenido acceso este periódico, explica que la hornacina que hoy todos conocen “ni siquiera estaba contemplada en el proyecto original de restitución aprobado por la Comisión de Patrimonio en el año 2003”.
El espacio interior situado detrás de la capilla, así como la propia hornacina, “padece graves problemas de salubridad, principalmente debido a una gran humedad que emana directamente del terreno, complementada con filtraciones de agua desde la cubierta y la medianera».
Fue precisamente esa situación patológica la que motivó que la imagen fuera instalada, con carácter provisional y cierta precariedad, en la hornacina actual. Lo provisional, como tantas veces en la historia de Ceuta, terminó convirtiéndose en permanente.
El proyecto reconoce además que la hornacina actual, al imitar los lienzos del Baluarte de la Bandera, proyecta una errónea idea de construcción histórica que no se corresponde con la realidad arquitectónica del lugar.
Esa falsa pátina de antigüedad convenció durante años a visitantes y propios ceutíes de que el Cristo llevaba siglos en ese exacto enclave, cuando lo cierto es que la hornacina es una solución de emergencia que nunca llegó a ser resuelta de forma definitiva.
La primera fase de la actuación consistirá en trasladar la imagen del Santísimo Cristo de los Afligidos para poder desmontar la hornacina ejecutada en 2003 y acceder a todo el espacio interior.
No será la primera vez que el Cristo abandona temporalmente el puente. En 2015, tras el robo nocturno de la imagen por parte de una persona embriagada, la talla fue recuperada con destrozos y trasladada al Santuario de Nuestra Señora de África durante cinco días mientras se restauraba y se acondicionaba la hornacina.
Y en fecha más reciente, en 2021, sufrió un nuevo acto vandálico que fracturó el cristal protector, causó una fisura en su hombro derecho y supuso el robo de la corona de espinas de plata que portaba, regalada por un empresario ceutí entre veinte y treinta años atrás.
Una vez retirada la imagen y desmontada la hornacina, se procederá al derribo del tabique interior de bloques huecos de hormigón.
El proyecto prevé la ejecución del nuevo espacio mediante muros de ladrillo macizo sobre una losa de hormigón armado de 30 centímetros de espesor. Esa losa, en particular, ha sido dimensionada con la intención específica de no afectar a los posibles restos arqueológicos que puedan aparecer en el subsuelo.
El Baluarte de los Mallorquines alberga en su base estructuras del antiguo Alcázar califal, por lo que cualquier movimiento de tierra será acompañado de un seguimiento arqueológico exhaustivo.
El acabado interior de la nueva capilla está pensado para recuperar la estética que históricamente acompañó al Cristo en este enclave.
Según el proyecto, se instalarán azulejos pintados al estilo portugués con técnica mayólica en paneles específicos, «inspirados en los azulejos originales que rodeaban al Cristo en el siglo pasado».
Las paredes incorporarán pilastras de piedra natural silvestre moreno labrado, seleccionadas bajo los mismos criterios estéticos y constructivos que el resto del inmueble.
El techo empleará el concepto de bóvedas, recurrente en todo el conjunto de las Murallas Reales, garantizando así la coherencia constructiva con el conjunto monumental.
En el centro de ese nuevo espacio, el Santísimo Cristo de los Afligidos quedará cobijado en un templete de mármol diseñado expresamente para la imagen.
La protección frente a futuros actos vandálicos, que han sido una constante dolorosa en la historia reciente de la devoción, se resolverá mediante una puerta con vidrio de seguridad y una reja de forja artística que permitirá ver la imagen pero impedirá cualquier acceso físico a ella. La iluminación será diseñada expresamente para mejorar la habitabilidad del espacio y la dignificación de la imagen.
La historia reciente del Cristo del Puente está marcada por varios episodios que han sacudido la devoción ceutí.
El más grave tuvo lugar en la madrugada del 10 de febrero de 2015, cuando la imagen fue robada por una persona en estado de embriaguez.
Solo 24 horas después aparecía con numerosos destrozos y sin la corona de espinas. Según el cronista de la Ciudad, José Luis Gómez Barceló, el Cristo estuvo fuera de su altar de cristal únicamente cinco días.
Cinco años y medio después, en junio de 2020, el ceutí Pepe Compaz donó una nueva corona de espinas elaborada con una rama de «espina de Cristo» que había encontrado paseando por el barrio de Las Latas durante el confinamiento.
En 2021 se produjo un nuevo acto vandálico, cuando fracturaron el cristal de la hornacina. La imagen estaba caída y presentaba una fisura en el hombro derecho. Le habían robado la corona de espinas de plata donada por un empresario ceutí.
El Cristo fue trasladado al Santuario de Santa María de África, y desde la Ciudad Autónoma se reforzó la seguridad del cristal, se pintó la hornacina y se instalaron luces LED.
El plano de planta adjunto al proyecto de obras es elocuente por sí solo. En él se identifican tres espacios diferenciados a cota +7,85 metros: el Pasaje del Cristo, de 34,91 metros cuadrados, que da acceso público a la capilla desde la calle; la Capilla del Cristo propiamente dicha, de 7,33 metros cuadrados, donde se encuentra la hornacina; y el Cuarto de instalaciones, de 31,05 metros cuadrados, el almacén municipal situado inmediatamente detrás.
La actuación prevista consiste en suprimir el muro que separa la capilla del cuarto de instalaciones para unificar ambos espacios, aunque el proyecto no incorpora los 31 metros completos del almacén, sino que redefine la distribución interior para crear una capilla de 14,07 metros cuadrados.
Es decir, el espacio de culto prácticamente se duplica, aunque el grueso del antiguo almacén quedará reformado como cuarto de instalaciones accesible desde el pasaje.
La relación entre Ceuta y su Cristo del Puente se mide en siglos, no en años. La pequeña talla del siglo XVI, de origen portugués, llegó a este enclave cuando Ceuta era todavía parte del reino lusitano.
La tradición de situar imágenes religiosas en los accesos a las ciudades cristianas era común en toda la geografía ibérica, pero en Ceuta adquirió un significado singular: el Puente del Cristo era el único paso entre la ciudad amurallada y el campo exterior, y quienes cruzaban ese umbral, soldados en su mayoría, pero también comerciantes, navegantes y viajeros, se encomendaban al Cristo antes de internarse en un territorio que, durante siglos, fue sinónimo de peligro.
El antiguo vicario general, Juan José Mateos, que atendió en primera persona varios de los incidentes recientes contra la imagen, resumió hace años esa carga histórica con una precisión que los ceutíes reconocen de inmediato: “La gente, cuando iba a coger el barco, se encomendaba al Cristo; cuando volvía le daba las gracias. Los ajusticiados que iban condenados, cuando los ajusticiaban en el campo exterior, al pasar su última mirada era para el Cristo. Tiene mucho tirón y una gran devoción en Ceuta. Es un símbolo espiritual de la ciudad”.
El proyecto de rehabilitación, financiado con Fondos Next Generation de la Unión Europea, tiene como uno de sus cuatro objetivos específicos explícitos la “puesta en valor del espacio de culto al Cristo de los Afligidos”.
Después de décadas de soluciones provisionales, de hornacinas no previstas en los proyectos originales y de almacenes municipales que comparten pared con una de las imágenes más queridas de la ciudad, parece que Ceuta va a saldar por fin una deuda histórica con su Cristo del Puente.
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