Aunque Ceuta resplandece como un relicario por la luminosidad de su cielo, se potencia su belleza con los monumentos y las estatuas que han sido engarzadas en ese bonito collar que son sus calles, jardines y plazas; una ornamentación que le ha dado prestigio y una consagrada preeminencia y distinción a la ciudad.
Estas obras de arte urbano evitan que se borren las huellas de su pasado y, a la vez, delinean el plano afectivo de los recuerdos y el testimonio de gratitud hacia sus héroes, los numerosos hombres y mujeres que destacaron en el arte, la literatura, la milicia, la filosofía, los oficios, la ciencia, etc. No nos cabe duda la importancia que tienen estas obras de arte con las que la ciudad evoca su glorioso pretérito en el presente.
Cuando la obra trasciende de la subjetividad del autor, cuando los pueblos y ciudades llegan a sentir vivamente el espíritu ciudadano, surge el monumento.
Ahora que en nuestra querida ciudad han instalado por sus calles estas artísticas joyas que la atesoran, es deber de todos los “caballas” mostrar nuestro agradecimiento a los autores de estas maravillas expuestas y reconocer el buen gusto y la sensibilidad de los que las han mandado instalar. Gracias, muchas gracias a los que han sabido tocar el alma de esta bendita ciudad.
Como son tantos y tan variados los monumentos que realzan a esta bella ciudad no podemos extendernos en las descripciones ni en explicaciones pormenorizadas de todos y cada uno de ellos, pero con gran admiración y entusiasmo podemos citar algunos de ellos: Monumento a los caídos, Enrique el navegante, Calipso, Yosef Ben Yehuda, Apolo, Gandhi, Homero, Estrabón, Aristóteles, Platón, Pomponio Mela, Al Idrisi, Hércules. En homenajes a: la Constitución, Legión, Guardia Civil, soldado de reemplazo, Regulares 54, Artillero, Caballería, Policía local, Abdel Krim, Marineros Militares y ala gente del mar, submarinistas, Rey Juan Carlos I, vendedor de almendras, Tony de la Cruz, San Daniel, Pedro Meneses, teniente Ruiz, González Tablas, Sánchez Prados, etc.
Hoy, en esta primera parte de las maravillas artísticas de Ceuta, hablaremos de las estatuas y monumentos dedicados a los héroes y heroínas, pero en Ceuta hay otras muchas maravillas que tendremos la satisfacción de presentar en una segunda y/o tercera conferencia el día que nuestra agenda de actividades lo permita y la junta directiva lo autorice. Para entonces, hablaremos sobre: el foso de San Felipe, las murallas Reales, la Catedral de la Asunción, la puerta Califal, las diferentes mezquitas, las murallas Meriníes, el parque del Mediterráneo, de las iglesias más emblemáticas, la ermita de San Antonio, la sinagoga de Bet-el, del templo hindú, de los 17 fuertes, el edificio de Trujillo, el faro de Punta Almina, el parque de san Amaro, el abrigo o cueva de Benzú, el museo de la Legión, etc.
Las obras de arte que estamos comentamos hoy nos recuerda el pasado glorioso de nuestra “patria chica”, pero no meramente cronológico sino del estético arte reflejado en sus calles. Las ciudades como Ceuta y Sevilla renacen donde la vida cotidiana se aquieta en un presente abierto a infinitas perspectivas; donde es típico el arte, lo castizo, lo pintoresco y donde la historia se convierte en leyenda al conservarse en ambas ciudades. Hoy revivimos el pasado de gloria y poesía, como esos versos que suenan como un conjuro que tuviera la virtud de revivir el pretérito de ambas ciudades.
Aunque he intentado muchas veces escribir y recitar poesías he tenido que desistir del empeño porque no tengo ese don, pero para este día he tenido que intentar componer un par de soneto sobre la ciudad de Ceuta.
En puro sentimiento y callada
hoy conocerá Ceuta mi poesía;
la sinfonía de amor que se escondía
en el silencio de mi alma enamorada.
Es mi Ceuta, tan querida y añorada,
la que llena mi alma de lirismo;
pero el destierro y el quietismo
alejaron la cercanía de mi tierra amada.
Cuando entro en su bahía
surge mi pasado y procedencia,
y la magia del encanto renacen, siempre, ese día.
Debí haber adivinado la existencia de aquella alegría,
la que cobijó tanto amor y fantasía
en la conciencia que de este ceutí renacía.
No cabe duda de que Ceuta es un rosario de monumentos rodeado por el collar de sus calles, ese solar de diversas razas, religiones y culturas diferentes hermanadas sin dejar de ser un símbolo vivo de España.
Dos montes y dos mares delinean con una admirable precisión el esquema de sus fronteras y, dentro de estos contornos una sorprendente variedad de personas.
Los monumentos son obras de arte arquitectónicas que representan lo que fue la realidad social de Ceuta y, ante este arte de mi ciudad, siento cómo mi alma vibra como si me hallara ante lo inefable: ciudadanía, civilización… ¡una típica urbe ideal por lo que precede y para lo porvenir!
Ceuta es ciudad de arte, ciudad intemporal de la civilización, ciudad de héroes, ciudad de cuatro culturas y perla del Mediterráneo.
En las calles de Ceuta, las obras de arte producen una estilización del espacio y una espiritualización del ambiente, porque todo monumento alcanza un sentido emblemático, un aspecto estético y un valor ético. En menor número de grados de latitud no cabe una mayor diversidad, ni contrastes, ni clima que los ofrecidos por esta ciudad de ensueño.
Etimológicamente, el arte urbano de Ceuta se basa en la jerarquía del conocimiento, del esfuerzo, del trabajo, etc., ese mundo sometido a las leyes que hacen que estas estatuas, además de adornar, sean construcciones de la propia sociedad ceutí.
Ceuta, con sus monumentos, reconoce, homenajea y valora públicamente su historia, sus costumbres, sus tradiciones y su arte, pero también recuerda con decoro estético y ético a las personas que destacaron por diversos motivos. Esta ciudad, mediante las obras de arte levantadas por toda su urbe, instruye a sus habitantes y hace justicia a sus antepasados en el presente. Si miramos detenidamente estos monumentos, podemos comprobar que son adornos humanizados y/o socializados por el sentido emblemático que representan: historia, política, humanismo, filosofía, religión, arte, etc.
El tácito y hondo sentir de los habitantes de Ceuta debe ser el motivo que hizo levantar por sus calles unos monumentos con tanta riqueza decorativa bajo su cielo azul, sus bellos jardines con sus arriates florecidos, esos que ponen una nota fresca del color de la esperanza. No cabe duda de que el decoro estético es algo genuino del alma caballa. Ceuta es de alma bella, y pido a Dios que bendiga a esta ciudad porque, con este arte social que nos explica su historia pasada, nos hace vibrar nuestras almas ceutíes.
Ceuta en la memoria.
A Ceuta la recuerdo mientras engarzo
los hilos de mi mente retrospectiva.
Nubes de plata y otras oscuras en lo más alto,
de los mismos colores que su bandera.
Cuantas veces he presentido
inquirir el destino de su vuelo
y navegar por su cielo infinito,
ese que nunca olvido.
Recuerdo su cielo de cuarzo,
el que tantas veces tocar he pretendido
y averiguar el destino de su vuelo,
para navegar por su bóveda que tanto admiro.
Bendita sea su eterna primavera,
esa que mi alma siempre disfrutar espera.






