El tema es tal que así: empieza a llover a mares, usted no hace caso del parte méteo, sale sin impermeable ni paraguas, ergo, sale empapado de la contienda meteorológica. Fácil de entender.
Lo ocurrido el pasado martes 31 de Abril, en el estado de fútbol de Cornellá-El Prat, es también consecuencia de las inclemencias sociopolíticas que estamos sufriendo. Hasta ahora todo había sido de consumo más o menos interno y se podía medio disimular. Ahora, el problema es que gracias a los cánticos racistas que se escucharon durante el partido España-Egipto hemos salido en todos los papeles del mundo mundial y hemos quedado como racistas. Que nadie se escandalice, es lo que hay.
En primer lugar, en una viril demostración de raza dominante, se pitó el himno de Egipto y se insultó al presidente del Gobierno. Lo de insultar a Pedro Sánchez parece ya una costumbre entre la chavalería que se esfuerza en llamarle hijo de puta, corrupto, casado con una corrupta y causante de todos los males desde el pleistoceno hasta hoy. No me invento nada.
El caso es que ni siquiera a Aznar se le trató así cuando esgrimió las falsas armas de destrucción masiva en la guerra de Irak, la chapuza del accidente del Yak 42, la corrupción de muchos de sus ministros (¿se acuerdan de Rodrigo Rato?) o las mentiras del 11-M (“ha sido ETA”, eso seguro que lo recuerdan).
Pero ahora, con la “veda de la gallina franquista” abierta de par en par, parece que todo está permitido. Será libertad de expresión, entiendo. Eso sí, sólo queda desear que la misión Artemis de la NASA salga a la perfección, porque si no Sánchez también será el culpable de todo. Que no lo dude nadie.
Pero al margen de los reiterados y rancios insultos al presidente del Gobierno, los mismos insultadores la emprendieron, como antes hemos señalado, con el himno de Egipto.
Pitada monumental, pues, en una exhibición testicular “made in los Tercios de Flandes” a la que le siguieron los gritos de “Musulmán el que no bote”. Fue toda una versión 2.0 del “Viva la muerte, mueran los intelectuales” (o “muera la inteligencia”, según las versiones) como el que se tuvo que tragar Unamuno en Salamanca por boca de Millán Astray. Convendrán conmigo que el mensaje del militar estaba cargado de sabiduría y de honda reflexión. El del campo Cornellá-El Prat, también.
Las reacciones no se hicieron esperar. Lamine Yamal, estrella de la Selección de ESPAÑA y jugador del FC Barcelona, se despachó a gusto calificando de intolerables los cánticos racistas lanzados desde la grada para añadir “usar la religión como burla en un campo deja a esos aficionados como ignorantes y racistas”. Eso como poco.
Obviamente, el Gobierno mostró su repulsa a tamaña bestialidad, al igual que el PP.
Los ultras de Vox, a lo suyo, mintiendo.
Que si las violaciones son obra de extranjeros, que si la mayoría de los presos no son españoles o esta perla de Ignacio Garriga, secretario general de Vox y presidente de la formación ultra en el Parlamento de Cataluña: “Barbaridad es que se cedan más estadios para el Ramadán que para que juegue la selección española de fútbol en Cataluña”.
En sí, la argumentación no se sostiene ni un microsegundo, pero eso es lo de menos. Desde las filas del partido de Abascal llueve a mares desde hace mucho tiempo y todo el mundo, en mayor o menor medida, se acaba empapando de mensajes racistas como si no hubiese un mañana.
Y en esas estamos, en que se ha banalizado el racismo y el mononeuronismo filosófico.
A nadie le debe extrañar ya, a estas alturas, que se lancen mensajes xenófobos a diestro y siniestro y que, además, se asuman con total normalidad, de la misma forma que, en una retransmisión de la AD Ceuta contra el Gerona Fútbol Club, uno de los periodistas locales (o como se le llame a eso) empezó a mofarse de los aficionados caballas tildándolos de monos tras las rejas. Muy profesional y muy racista, todo en el mismo pack asqueroso.
Tampoco le debe extrañar ya a nadie que a Iñaki Williams, o a Vinicius, les digan mono y que, encima, digamos a coro que tampoco es para tanto.
Y para calificación Cum Laude, las declaraciones del presidente de la federación española de fútbol Rafael Louzán. El máximo responsable de la Federación condena los cánticos racistas en Cornellá pero los tacha de "incidente aislado" para añadir "salvando eso, ha habido un gran ambiente"
Perdón… ¿Salvando eso? ¿Un gran ambiente? ¿Qué hubiese pasado si, en un partido contra Alemania, el borregueo hubiese entonado el “nazi el que no bote”? ¿Se lo dice usted, o se lo digo yo? De puta pena todo.
Como diría el gran Pepe Mel: “este hombre noooooo…”. Pero no va a pasar nada, se lo adelanto.
La extrema derecha se está colando por todos los resquicios de la sociedad democrática, y les estamos dejando hacer. Algunos porque no son capaces de ver más allá de su nariz (¿o era hocico?) y otros porque ven en el extranjero (pobre) la gran amenaza contra la civilización occidental (eso sí, a recogiendo aceitunas, fresas o pimientos bajo los plásticos hay pocos patriotas de pulserita).
A la ultraderecha le da exactamente igual por donde se cuele su basura dialéctica, el caso es que se cuela hasta que un día, todo un estadio estalla en gritos racistas contra los musulmanes para empezar y termina quemando cruces. ¿De verdad cree que en este AQ exageramos?
Mi Mañica preferida decía que siempre se empezaba a vilipendiar a los más débiles, pero que los demás siempre íbamos después de cabeza porque no hacíamos caso de las señales.
A todo este descerebrado personal le vendría muy bien visitar Ceuta y aprender de nuestra convivencia, aunque dudo que su capacidad cerebral les dé para tanto.
En una ocasión, el televisivo Padre Apeles le dijo a un contertulio: “tienes una neurona más que los caballos, es lo que te impide cagarte mientras vas andando”.
Yo, por mi parte, me niego a insultar a los caballos mezclándolos con estos descerebrados aprendices de Goebbels. Eso sí, estamos dejando que el mononeuronismo intelectual cada vez esté más al alza. Algún día terminaremos pagando esa cuenta. Ejemplos históricos no faltan.
Una vez más, la reflexión es suya.
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