Cuánto mide la línea imaginaria que une las estrellas, las unas con las otras? ¿Cuán pequeño puede ser un punto en el espacio? ¿Cuántas palabras caben en el silencio de un santo? ¿Qué es lo que puede llegar a ocurrir entre un bolígrafo de gel, una vieja cuartilla y una diestra mano?
Entiendo por “cosmología antigua” aquel conocimiento que proviene de la observación de la naturaleza sin intermediarios, en primera persona. La natura nos trasmite su lenguaje sin pausa, pero sólo seremos sus receptores si mostramos la actitud de los primeros observadores.
Cuando termino la jornada de trabajo, y no tengo actividades por atender con el tenis de mesa, es el momento de calzarse unas deportivas y despejarse un poco. Dar la vuelta al Monte Hacho se ofrece como un viaje en el tiempo, como un trayecto al corazón de los pensamientos; una apuesta segura.
Caminando por sus faldas, a veces pedregosas, juego a ser como Heráclito de Éfeso, aquel pionero, juego a descubrir los secretos que se esconden detrás de las leyendas.
Al tanto, la visión de los mares que se encuentran nos invita a la mente, y el ave rapaz se enseñorea sobre la caldera atestada de pinos y chumberas.
Entonces, recuerdo las clases de biología del Instituto sobre la cadena trófica. “Mientras haya lagartijas”,- pensará el ave. “Mientras haya agua y oxígeno”,- pienso yo. En ese momento, un erizo que se esconde parece atolondrado.
En general, la calidad de los colores es buena, y el aire lleno es óptimo para respirar.
Casi al final del paseo existe un recodo donde renace el arroyo del Monte Hacho en la temporada de aguas. Normalmente está desocupado, pero ese día, al acercarme para mojarme las manos, una voz reclamó mi atención.
Era un hombre anciano, con la tez como el cuero, quizá por recibir tanta luz. Apostado bajo una furtiva palmera, ese señor pronunció mi nombre: “Hola, José”,- dijo.
Yo, con cierta extrañeza, contesté: “¿Quién es usted? ¿Cómo conoce mi nombre?”.
-“Yo soy Munfás…Munfás Loasé, astrólogo del reino de Ceuta Mago. Te estaba esperando. Hube de esperar a tu madurez como a la del fruto que en el árbol aguarda. He esperado tanto tiempo sólo para desearte suerte en tus pesquisas. Los pensamientos son como conquistas si lo que se persigue es el aura de la escritura”.
Por fin, la luz del sol se alejaba, y no tuve más idea que preguntarme por el origen de aquel reino legendario.





