Ceuta es la ciudad de toda España con menos radares fijos y con más badenes.
Las altas velocidades que alcanzan muchos conductores en carreteras como la de Benzú, la que conduce al cementerio de Santa Catalina, en el Monte Hacho o en prácticamente cualquier vía de la ciudad, son más propias de un circuito de velocidad que de carreteras urbanas.
El problema de la velocidad excesiva que protagonizan algunos conductores incívicos se pretende solucionar llenando las vías de badenes.
Sin embargo, estos solo perjudican a quienes ya respetan los límites de velocidad, mientras que los temerarios continúan conduciendo como les da la gana, poniendo en peligro sus vidas y las de los demás conductores y peatones.
Además, los badenes suelen durar poco: terminan rompiéndose y su efecto disuasorio es prácticamente nulo. Lo único para lo que realmente sirven es para destrozar los amortiguadores de los coches y provocar el molesto ruido de los camiones al pasar, afectando a los vecinos que viven cerca.
Si de verdad se quiere aplicar una medida eficaz —como ya se hace en muchas ciudades de la península con excelentes resultados—, la solución pasa por instalar radares en los puntos conflictivos y señalizarlos adecuadamente. Eso sí disuade a los malos conductores de sobrepasar los límites de velocidad, y, si lo hacen, se enfrentan a sanciones económicas y a la pérdida de puntos del carné.
Ya es hora de que los políticos y sus asesores piensen un poco y tomen decisiones que realmente beneficien al ciudadano, en lugar de seguir con ocurrencias inútiles que solo sirven para llenar sus bolsillos y justificar sus sueldos.






