La historia de Dina debería llegar a las más altas instancias porque es el vivo ejemplo de cómo un país que maltrató a su propia población, la engañó y arrebató a sus propios hijos vía engaño, extiende ese comportamiento al impedir que las reagrupaciones puedan llevarse a cabo. Mientras Mohamed VI se hace propaganda diciendo que se traerá a todos los menores, hay una familia que ha acudido hasta la frontera para recoger a su hija y los agentes del paso no han consentido esa reunión. Y no lo han hecho apoyándose en un lapsus, provocando que padres e hija sigan separados aumentando la angustia que ha llevado a que hoy por hoy una familia esté destrozada.
Cientos de niños escaparon a Ceuta engañados. Y cientos de niños no pueden volver a su país, no porque no quieran sino porque se han dispuesto miles de trabas para impedir esas reagrupaciones. En Ceuta, tanto el área de Menores como la propia Fiscalía trabajan para acelerar las gestiones que competen a España. Si realmente el monarca alauita quiere que los menores vuelvan y estén con sus padres debe hacer un gesto más allá de la propaganda gratuita que no se materializa en gestos reales y claros. Y no lo hace porque tenemos a un matrimonio que está sufriendo por no poder encontrarse con su hija, tenemos a un matrimonio que implora que se la entreguen y una frontera convertida en un muro insalvable al que nadie quiere poner remedio.
Estamos hablando de menores robados a sus padres, secuestrados, engañados... pueden poner los calificativos que ustedes quieran pero estamos ante uno de los grandes dramas que no ha sido castigado a falta de lo que se aborde en el Parlamento Europeo. A pie de frontera arrastramos casos tan graves que pasarán factura a un dirigente marroquí que debe demostrar mucho más para recuperar la confianza perdida de la forma más cruel.






