Hay homenajes que superan el mero cumplimiento de una oficialidad. Suele ocurrir cuando son actos que salen del corazón, improvisados, ajustados a la respuesta que debe darse a la gente buena. Y Abdelkader lo era. Mucho. Era buena persona, de esas a las que les gusta sentarse a escuchar, que debatía, dialogaba y si te llevaba la contraria lo hacía con fundamento. Abdelkader luchó además mucho por la convivencia, por la auténtica. Lo hizo quizá sin saberlo, porque usaba para ello algo muy sencillo: dar ejemplo. Cuando alguien siente las cosas y cree realmente en ellas, las interioriza hasta el punto de convertirlas en un modo de vida. Para Abdelkader la vida era convivencia. No tenía que colgarse una bandera, ni tenía que estar continuamente hablando de ella. Él era ejemplo de lo que debe ser Ceuta, sin más.
Hoy se le hará un homenaje en el cementerio de Sidi Embarek dos años después de su muerte. Es una idea que ha partido de quien fue su amigo, Omar. Y eso es lo más grandioso, que parta de esta manera tan sencilla, igual que lo era Abdelkader.
Su familia debe estar orgullosa. Ya no lo tienen con ellos pero sí en el recuerdo de muchas personas que lo rememoran con cualquier detalle. Y eso lo consiguen solo los especiales, Abdelkader lo era.
La vida tiene sus etapas, mantiene la incógnita de cuándo colocará su punto y final. Es difícil entenderla, comprenderla y asumirla. Mucho más aceptarla, pero es así. Nadie nos tiene que sorprender con el capítulo final que representaremos cada uno de nosotros. Será así, no hay más. Abdelkader se nos fue sin que pudiera asistir a la gran manifestación por la convivencia en la que, a buen seguro, hubiera participado. Se fue de repente, pero de alguna manera sigue estando entre los muchos que lo recordamos.
Hoy habrá tiempo de tenerlo presente, porque su amigo Omar ha hecho lo más preciado que se puede: sacar de su sentimiento, de su corazón, el cariño que le tenía a Abdelkader para compartirlo con todos, con los muchos que tuvieron la suerte de conocerlo, de aprender de él y de hablar, hablar mucho y de todo, como a él le gustaba hacer.
Sin duda es un homenaje que merece la pena. Hoy, compartido; siempre, en la intimidad particular de cada uno.






