Escribo desde el hospital de campaña desplegado por el gobierno español en el sur de Turquía para atender a los damnificados por el terremoto que asoló esta tierra el mes pasado. En los escasos ratos libres que tengo entre paciente y paciente aprovecho para leer las noticias de los medios de Ceuta, la ciudad que ha sido mi hogar durante los últimos nueve años, especialmente las que hablan de la lucha en defensa de la sanidad local que han emprendido los que hasta hace poco han sido mis compañeros.

Durante los años que he ejercido como cirujano en el hospital de Ceuta he visto llegar y marcharse a grandes médicos de distintas especialidades: cirujanos, anestesistas, traumatólogos, urólogos, internistas, intensivistas, pediatras... Cada uno de ellos tuvo sus propias motivaciones profesionales, personales y familiares para abandonar la ciudad, pero todos tenían algo en común: la causa última que les empujó a continuar su carrera profesional fuera de Ceuta fue, de forma unánime, el desprecio y la falta de apoyo recibidos desde la dirección del hospital y la de Ingesa, que a pesar de lo difícil que resulta atraer especialistas a esta ciudad, actúa sistemáticamente como si hubiera una larga cola de aspirantes ansiosos por venir.

Nunca he oído a ningún compañero quejarse del sueldo recibido: al contrario, los médicos que abandonan Ceuta siempre pasan a cobrar menos en su nuevo destino... y, a pesar de eso, se van. Hay cosas más importantes que el dinero, como contar con el reconocimiento y el apoyo de los superiores ante el trabajo bien hecho.

En lugar de eso, los profesionales sanitarios de nuestra ciudad están cansados de sufrir continuas trabas a las iniciativas propias e imposiciones que, lejos de buscar una mejora de la calidad asistencial, siguen oscuras directrices políticas que ignoran el funcionamiento más básico del trabajo a pie de cama.

Los lectores con más memoria recordarán los comunicados de prensa que los cirujanos del hospital enviamos hace ahora dos años, cuando la Dirección forzó la dimisión del entonces jefe de Cirugía por haberse atrevido a criticar una serie de decisiones de la dirección de Enfermería, a pesar del magnífico funcionamiento y los extraordinarios resultados que habíamos logrado durante su mandato.

"Hay cosas más importantes que el dinero, como contar con el reconocimiento y el apoyo de los superiores ante el trabajo bien hecho"

De nada sirvió el apoyo unánime de todos los cirujanos, ni las continuas denuncias tanto en prensa como a la dirección de Ingesa sobre el catastrófico declive que provocó esa maniobra autoritaria en el funcionamiento del servicio, un declive que dos años después aún no se ha logrado remontar del todo.

Tuve la suerte de trabajar durante años en un servicio de Cirugía modélico, con un equipo cohesionado que trabajaba con inmensa dedicación bajo el liderazgo del doctor Fernández. Ante el desmantelamiento de ese servicio excepcional, y harto de comprobar el nulo apoyo, si no la hostilidad manifiesta por parte de la Dirección, hace tiempo que tomé la decisión de sumarme a la larga lista de especialistas que han abandonado Ceuta.

Esta decisión se materializó hace pocas semanas, cuando obtuve plaza en el hospital Puerta del Mar de Cádiz en el concurso de traslados del SAS. Para evitar tener que cambiar a mis hijos de colegio a mitad de curso solicité una comisión de servicio para seguir trabajando en Ceuta hasta el siguiente curso escolar, una medida básica para la conciliación familiar.

"No puedo decir que me sorprendiera que, tras el dictamen favorable del SAS, fuera la dirección de Ingesa la que rechazara la comisión de servicio"

No puedo decir que me sorprendiera que, tras el dictamen favorable por parte del SAS, fuera la dirección de Ingesa la que rechazara la comisión de servicio, alegando (cito textualmente) "que no existe necesidad asistencial y no hay plaza vacante o temporalmente desatendida de la citada especialidad" (cuando yo mismo estuve ocupando esa plaza y la dejé vacante con mi traslado).

Con esta decisión, Ingesa consuma su pequeña venganza contra un cirujano molesto y poco dócil que no se cansó de denunciar las deficiencias provocadas por la mala gestión de esta Dirección. Como daño colateral queda mi familia, de quien tendré que vivir separado durante los próximos meses, además de la población de Ceuta, que sufrirá las suspensiones y retrasos derivados de la falta de un cirujano que hasta ahora formaba parte de la plantilla.

Si en los próximos meses algún lector se pregunta por qué tardan tanto en darle cita con el cirujano, o por qué no lo llaman para operarse su hernia o su vesícula, que sepa que el hospital podría disponer de un cirujano más, pero Ingesa no quiso.

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