El pasado domingo se realizó un acto homenaje a las víctimas del atentado del Cuartel de la Guardia civil de Vic en Barcelona. Estar junto a las víctimas, recordarlas, apoyarlas es una obligación.
El pasado domingo 29 de mayo se realizó un acto homenaje a las víctimas del atentado del Cuartel de la Guardia Civil de Vic en Barcelona. Estar junto a las víctimas, recordarlas, apoyarlas es una obligación moral de la sociedad española, pero no olvidar a los autores materiales e intelectuales es hacer justicia social, memoria histórica, algo muy distinto a la aplicación del Código Penal. Saber quiénes son los autores materiales e intelectuales y qué propósitos tenían es esencial para no caer en los mismos errores. Errores como enterrar a los muertos con celeridad, falta de ayuda y protección a las víctimas, creer que el terrorismo no concierne a la comunidad internacional o catalogarlos como problemas internos de los países.
Como responsable del atentado de la Casa Cuartel de Vic fue detenido y condenado el etarra Juan José Zubieta Zubeldia, que perteneció al Comando Nafarroa. Durante la celebración del juicio, dos años después del atentado, tiempo más que suficiente para que Zubieta pudiera arrepentirse del daño causado, sobre todo, para lamentar la muerte de cinco menores, lejos de arrepentirse al ser preguntado por la acusación de “si no vio a los niños jugar segundos antes de lanzar el vehículo explosivo”, Zubieta respondió: “Ése es un hecho que no valoramos porque no es nuestro problema que los guardias civiles utilicen a los niños como escudos humanos”.
Este ser dañino fue excarcelado el 20 de noviembre de 2013, tras pasar 22 años en prisión al serle estimado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos un recurso que derogaba la Doctrina Parot. Derechos humanos y fundamentales, como el derecho a la vida, que él no dudó en quitar a diez personas, entre ellos, cinco menores. Una condena a 1.311 años, quedó saldada con 22 años de prisión.
Ahora, muchos años después, hay quien pretende cerrar tanto daño físico y psicológico, tantas vidas segadas, tanto sufrimiento con un simple “fue un error, hay que saber perdonar”. Un discurso fácil a pie de tierra o sobre un sucio atril porque es fácil pedir perdón y pasar página cuando los muertos son los hijos de los otros y el sufrimiento no se instala en tu casa durante tantos años.
La democracia ha ganado a los violentos, han sido acorralados y derrotados por el Estado de Derecho. Una lucha ganada por los jueces, guardias civiles y policías. Una lucha que debe continuar y perseverar para que la sociedad no olvide a las víctimas, pero tampoco a los terroristas, a los que los apoyaron, a sus ideólogos, a los que desde los despachos mugrientos de falta de humanidad y dignidad ordenaron los atentados, eligieron a las víctimas, alentaron conductas, redactaron sus discursos y aplaudieron respuestas como la de Zubieta .
La democracia y el Estado de derecho obliga y, así debe ser, a que los ciudadanos respetemos las resoluciones judiciales como la del Tribunal Europeo de Derechos Humanos; que un asesino pueda vivir plácidamente con su familia en España, esa posibilidad que ellos arrebataron a las víctimas, pero los demócratas y las democracias no pueden permitirse olvidar a los autores materiales, a los verdugos y sus ideólogos por mucho que traten de retorcer la historia.





