Es un no parar, una auténtica sangría, un atentado contra la naturaleza que persiste en aguas de Ceuta sin que se le ponga veto ni se persiga en condiciones para proteger a los delfines. Lo que está ocurriendo, esta matanza, es intolerable, además de un delito.
Este viernes, unos ceutíes que están practicando su afición por la pesca se han encontrado en la conocida como playa de los GEAS, abajo del muelle Alfau y cerca de la de San Amaro, un delfín muerto y mutilado. Todavía, cuando lo vieron, le quedaba un halo de vida.
Llevaba poco tiempo fallecido, le habían apuñalado en la zona del estómago y además cortado una de las aletas. Tenía más cortes por el resto del cuerpo.
Se ha dado aviso al CECAM para notificar este delito que debe ser perseguido con mayores controles dada la cantidad de delfines que sufren este tipo de ataques crueles.
Se sospecha que detrás de los mismos están las pateras de pescadores de Marruecos, que ejecutan estas prácticas si aprecian que los delfines quedan entre sus redes porque prefieren así no dañar las artes de pesca.
Los cortan con cuchillos para sacarlos de esa red, dejando tras de sí un auténtico reguero de sangre y crueldad.
En este caso, el delfín acababa prácticamente de morir cuando fue encontrado por estos pescadores. Estaba flotando en la citada playa cuando lo vieron, dando aviso de inmediato al CECAM.
Amputaciones, cortes, lesiones compatibles con la acción humana acompañan siempre este tipo de sucesos harto denunciados en redes sociales y en medios de comunicación, pero para nada resueltos.
Se vulnera la normativa internacional y se provoca un daño brutal sobre la fauna marina, en este caso sobre los delfines, que pierden la protección debida.
El patrón se repite. Los delfines que han sido encontrados muertos en Ceuta cumplen todos con las mismas características, sin que haya un mayor celo en el control o denuncia. Mucho menos una investigación ante lo que es un delito en toda regla.
Entidades como CECAM y Daubma han denunciado que los medios existentes no son suficientes, recalcando que ninguna muerte puede quedar silenciada y que por cada dos varamientos visibles pueden haber sido masacrados muchos más delfines.
Ambas destacan que la defensa del mar y de su fauna “no entiende de siglas, entiende de responsabilidad”, e insisten en que “las autoridades deben actuar con contundencia y transparencia ante una situación que se agrava con cada nuevo varamiento”.
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