Como todos los años se acercó la festividad de los Ángeles Custodios, patrón de la Policía Nacional, y como casi todos los años no exenta de polémica por el cuestionamiento que se realiza tanto por algunas de las concesiones como por su tramitación.
Ante todo, felicitarnos y congratularnos por la concesión de las recompensas que recibieron nuestros compañeros en Ceuta por una labor seria, abnegada, discreta pero sobresaliente, de los funcionarios recompensados, si bien nos invade una duda ¿debemos alegrarnos por todos los recompensados? Obviamente, no. CEP ha comunicado su inasistencia a los actos oficiales de la festividad y ha procedido a la impugnación de la concesión de dichas recompensas ante el Consejo de la Policía.
Pero, ¿es una cuestión baladí la que nos hace no integrarnos en nuestra propia festividad? Todo es opinable, pero quisiéramos dar un punto de vista diferente y objetivar nuestra negativa.
El problema surge con la confusión intencionada que se realiza con el Reconocimiento y la Recompensa; solemos utilizar estos dos términos casi como sinónimos, a menudo disfrazados, solapados y casi siempre asociados, pero cada uno tiene sus propias particularidades y puede servir para diferentes objetivos. Cuando comparamos ambas variables, que son complementarias, relacionadas pero diferentes, pues sus mecanismos de motivación también lo son. La idea fundamental reside en que la recompensa es ofrecida como compensación de un servicio/s prestado por lo cual tiene una finalidad “instrumental o contingente”, sin embargo el reconocimiento no es “instrumental”, sino una forma de mostrar a los demás (y a uno mismo) el valor de una persona. Porque es la persona la que es dueña de los comportamientos que lo llevaron a ser reconocido.
Estas variables, al ser cualitativas, pueden estar o no, es decir, reconocimiento-sin reconocimiento, y recompensa-sin recompensa, que nos formarán cuatro tipologías:
1.-Reconocimiento/Recompensa: en esta tipología deberían estar incardinados la inmensa mayoría de los funcionarios laureados en nuestra festividad. Como hemos anticipado por las cualidades que han demostrado en su labor a las que añadiríamos innovación, espíritu de formación continuo, creatividad, es decir todas las que podamos sumarle que redunden en un beneficio a la sociedad. Aunque cueste creerlo en esta tipología no se encuentra la inmensa mayoría que anticipábamos.
2.-Reconocimiento/No Recompensa: en esta tipología se encuentra la gran mayoría de los funcionarios policiales debido a dos hechos que son incuestionables; a) el número de recompensas son limitados y b) absoluta discordancia con el proceder de los superiores, cuestión ésta última nada simple por la inmoralidad que supone y el desgaste profesional que introduce en el funcionario.
3.-Sin Reconocimiento/No recompensa: Tipología adversa dónde las haya; los funcionarios que la integran son los grandes olvidados, aunque muestren su vocación policial y un buen hacer, no puedo sustraerme en nombrar algunos servicios, como pueden ser: gestión, seguridad conducciones, que no tendrán la oportunidad de intervenir una gran cantidad de droga, de detener a un asesino o desarticular una red mafiosa o terrorista, pero sin cuya labor ninguno los organismos centrales ni periféricos podrán funcionar.
4.-Sin Reconocimiento/Con Recompensa: tipología de la discordia que demuestra un estilo de gestión basado en la dominación, el control y el clientelismo (amiguismo), alejado innecesariamente de prácticas de reconocimiento del talento, de las diferencias individuales, de la creatividad, de la innovación, en una palabra del MÉRITO, cualidad que proporciona mayor eficiencia que otros sistemas de jerarquía (no digo ya del nepotismo), dado que las distinciones no se hacen por sexo o raza ni por riqueza ni posición social ni por otro factores biológicos o culturales o sociales. El mérito individual se entiende como criterio más justo que otros para la distribución de los premios y sus ventajas asociadas.
Cuando las recompensas se otorgan integradas en esta tipología ( hablamos siempre del funcionario policial) nos encontramos ante una práctica que refleja mediocridad palpable, una indigencia moral e intelectual vomitiva, una falta de pudor en la aceptación de la recompensa y un olvido intolerable por el fondo y las formas.
En definitiva, creemos que la exposición de las ideas que albergamos desde el CEP pueden ser o no compartidas, lo que es innegable que una inmensa mayoría de los funcionarios policiales la comparten y nos obligan, por higiene sindical y por respeto a nuestros afiliados, así como al resto de policías que no disfrutarán de ningún tipo de recompensa ni de su festividad, a tomar la postura decida de no integración .
En fin, como dijo el filósofo “nunca la verdad hizo tanto daño como su apariencia”.
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