El ministro de Interior nos cuenta que estudiará la forma de retirar las concertinas. No las quiere él. No creo que haya mucha gente que, en el fondo, las quiera. Detrás de las cuchillas hay una historia de sangre, de marcas y de muertes.
Todavía recuerdo la de Sambo Sadiako. Conseguimos identificarlo cuando nadie movía un dedo por hacerlo. Conseguimos que no fuera un número que había encontrado la muerte desangrado en la valla, en el mismo lugar en el que una mañana lo descubrió la Guardia Civil. Aquella jornada fue muy dura, muy complicada de entender y asimilar.
Como tantas otras. Lo que ha hecho el ministro es, sencillamente, repetir un mensaje que, hasta la saciedad, ha repetido el PSOE, quizá por terminar con la vergüenza de haber sido quien las colocó.
“Lo que no se nos ha dicho todavía es qué se va a hacer con el papel que está jugando Ceuta”
Por eso que Grande-Marlaska manifestara esta intención no sorprende, ya que es una obligación moral del partido cumplir con esa necesidad de borrar los garabatos hechos en su día. La clave está más allá de las cuchillas.
Y a esto todavía no nos han contestado: ¿qué política migratoria van a llevar a cabo? Porque si buscamos el efecto mediático de ir quitando los “medios disuasorios”, como los bautizó el PP, tendremos que buscar el efecto realista, el que la ciudadanía espera, de contarnos qué se va a hacer con los inmigrantes que llegan cruzando fronteras, con los que queriendo pedir asilo no pueden porque llegar a las oficinas del Tarajal es un imposible si eres subsahariano o con los que saltan las dos vallas, una o media y son devueltos a Marruecos en donde les hinchan a palos.
De todo esto nada ha dicho el ministro, como tampoco de la doble moral aplicada en la segunda frontera virtual en la que se ha convertido el puerto.
Una línea imposible de cruzar para aquellos cuya solicitud de asilo ha sido admitida, incumpliéndose por tanto la ley con todo el descaro.
Tendrán que decir también qué papel jugarán Ceuta y Melilla, si seguirán siendo las ‘zonas de contención de inmigrantes’, en donde todo vale y en donde pueden permanecer hasta más de un año bloqueados y atrapados o, por contra, se cumplirá la ley de manera escrupulosa y empezaremos a dejar de ser los ‘arregla-problemas’ del resto de ciudades españolas. Ahí está la clave, algo que va más allá de las concertinas.







Echarri, dedícales unos minutos a leer estos enlaces y saca consecuencias de lo que ahí leas:
es.gatestoneinstitute.org/11629/suecia/miedo
es.gatestoneinstitute.org/12473/bandas-violadores-inglaterra
Esto es lo que nos espera.
Sin acritud, ya sabes.