Marruecos intenta recuperar la normalidad tras varios días de lluvias torrenciales que han dejado graves inundaciones en distintas zonas del norte del país.
El aeropuerto de Tetuán, que tuvo que cerrar el jueves debido al fuerte temporal, ha reanudado sus operaciones con normalidad, aunque las autoridades mantienen la alerta ante la previsión de un nuevo episodio de lluvias intensas y fuertes vientos.
La región más afectada continúa siendo la de Alcazarquivir, en la provincia de Larache, donde el Ejército marroquí sigue desplegado desde el jueves para colaborar en la evacuación de la población y en las tareas de asistencia humanitaria.
Las inundaciones, provocadas por la crecida del río Loukkos y del embalse de Oued El Makhazine, han obligado a desalojar a miles de familias y cortar varios accesos a la zona.
Aunque las autoridades no han facilitado aún un balance oficial de los daños ni del número total de afectados, varios medios locales cifran en más de 20.000 las personas evacuadas en las últimas horas.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran barrios completamente anegados, vecinos siendo trasladados en camiones y embarcaciones y la instalación de tiendas de campaña en campos deportivos para acoger a los damnificados.
Las clases en los colegios de la zona permanecerán suspendidas hasta el próximo 7 de febrero, mientras continúan las labores de limpieza, rescate y evaluación de daños. Además, el acceso a Alcazarquivir y a otras localidades cercanas permanece restringido para evitar interferencias en las operaciones del ejército y los servicios de emergencia.
El país sigue en estado de alerta meteorológica, ya que entre el lunes y el miércoles se esperan rachas de viento de hasta 90 kilómetros por hora, lluvias torrenciales, nevadas en zonas de montaña y un descenso notable de las temperaturas, especialmente en el norte.
Las autoridades marroquíes han pedido a la población extremar las precauciones y seguir las indicaciones de protección civil. Con las previsiones apuntando a un nuevo frente de inestabilidad, la prioridad sigue siendo garantizar la seguridad de los vecinos y mantener la asistencia a los miles de desplazados que han perdido sus hogares por las inundaciones.
La reapertura del aeropuerto de Tetuán supone un paso hacia la normalidad, pero la situación en Larache y otras zonas del norte continúa siendo crítica. Marruecos encara así una nueva semana de mal tiempo, con el desafío de recuperarse de uno de los temporales más duros de los últimos años y de seguir garantizando la seguridad en las áreas más vulnerables.
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