En estos días, Ceuta ha demostrado que sabe movilizarse. Hemos visto calles llenas, plazas abarrotadas y miles de personas saliendo a defender aquello que consideran importante. Y eso, en una sociedad democrática, siempre debe ser motivo de reconocimiento.
Pero también creo que ha llegado el momento de hacernos una pregunta incómoda.
¿Defendemos realmente Ceuta o defendemos solamente aquello que sentimos como nuestro?
Porque cuando las movilizaciones se producen en el centro, cuando determinadas causas ocupan las portadas y cuando quienes protestan son determinados sectores, la respuesta parece ser masiva. Sin embargo, cuando el problema se desplaza hacia la periferia, la movilización parece perder fuerza.
Lo estamos viendo estos días con la situación de Loma Colmenar y su entorno. Los vecinos de estas barriadas llevan semanas soportando una situación extraordinaria y reclamando respuestas. El embolsamiento de Loma Colmenar se ha convertido ahora en un recurso temporal de acogida para las personas trasladadas desde la zona del Trampolín.
Y aquí es donde creo que debemos mirarnos al espejo.
No se trata de decirle a nadie dónde tiene que manifestarse. Cada persona es libre de decidir cuándo, cómo y por qué protesta.
Se trata de algo mucho más sencillo: la coherencia.
Porque no podemos hablar constantemente de una Ceuta unida, de defender nuestra ciudad y de no dejar a nadie atrás, y después permanecer indiferentes cuando el problema ocurre en una barriada que no es la nuestra.
La solidaridad no puede depender del código postal.
No puede existir una indignación para el centro y otra para la periferia. No podemos considerar que una causa merece miles de personas en una plaza y, cuando afecta a quienes viven en Loma Colmenar, en Príncipe, en Hadú o en cualquier otra barriada, pensar que es un problema de sus vecinos.
Eso también es Ceuta.
Y quizá lo más preocupante no sea que una manifestación tenga más o menos gente. Lo preocupante es que empecemos a acostumbrarnos a una solidaridad selectiva: apoyar aquello que nos resulta cómodo y mirar hacia otro lado cuando la realidad deja de encajar con nuestro discurso.
Defender Ceuta no puede significar defender únicamente a quienes pensamos como nosotros.
Si de verdad creemos en esta ciudad, tendremos que ser capaces de defender también a quien vive lejos de nosotros, a quien no conocemos, a quien no comparte nuestras ideas y, especialmente, a quien no nos resulta cómodo defender.
Porque es muy fácil decir «yo defiendo Ceuta» cuando miles de personas están a nuestro lado.
La verdadera pregunta es qué hacemos cuando la causa está en la periferia, cuando la convocatoria no tiene las mismas siglas, cuando no están los mismos rostros y cuando salir a la calle ya no resulta tan cómodo.
Ahí es donde se mide la coherencia.
Ceuta no puede ser una ciudad para defender a ratos.
O la defendemos entera, o simplemente estamos defendiendo nuestra parte de ella.
Y quizá esta sea la reflexión que más necesitamos hacer ahora.
Estimado Sr. Albares. Coincido con usted en que Ceuta y Melilla son ciudades españolas constituidas…
Tras una pasada manifestación en la que mostraron haberse sentido engañados, varias barriadas de Ceuta…
No quiero ni pensar en Andrés Hurtado cuando regrese de Alcolea. Esta vez no se…
El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, ha reafirmado este viernes que Ceuta y Melilla…
Un inmigrante marroquí que había accedido a Ceuta en la entrada masiva ha muerto esta…
El secretario de Estado de Juventud e Infancia, Rubén Pérez Correa, confía en que el…