Querida María,
Te conocí cuando eras una joven que comenzaba a desempeñar su actividad profesional como trabajadora de la Autoridad Portuaria.
Con el paso del tiempo ese trato cordial y amable se fue convirtiendo en una relación personal de amistad. Una amistad que te ganaste a base del cariño que siempre me trasmitías cada vez que coincidíamos, tanto por temas personales como laborales, siendo para mí una persona muy importante dentro de la familia que es la Autoridad Portuaria.
Era tal la confianza y el aprecio que te profesada que fuiste de la primeras personas a la que mostré el proyecto de nuestra Fundación, en el cual creíste desde el primer momento y arrimaste el hombro para que hoy día el proyecto de la Fundación Eduardo Gallardo siga creciendo gracias al apoyo y a la colaboración de amigos como tú, que gracias a su confianza y a su apego comenzó una andadura en la que tú estabas desde su creación y eso nunca lo olvidaré.
Querida María, siempre estarás en mis pensamientos y en mi corazón. D.E.P.
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