La casualidad le llevó a nacer en Mallorca por el destino que trasladó hasta allí a su padre, pero con apenas meses regresó a la tierra que siempre llevó en su corazón. “Se sentía caballa por encima de todo”, explica su hija recordando que su abuelo paterno tiene una calle en Ceuta que le rememora (Manuel Lería Ortiz de Saracho) y su abuela paterna recibió el Premio María de Eza hace cinco años. Esos ejemplos conformaron en él un talante exigente, trabajador y responsable que siempre quiso transmitir a sus dos hijas, Marta y Ana que recogerán la medalla de su padre con orgullo. “Luchó mucho colaborando junto al Ayuntamiento en la elaboración del proyecto del Estatuto de Autonomía porque siempre creyó en la plena autonomía de esta ciudad”. Estar en su pueblo, disfrutar de su familia, de su trabajo, escudriñar las leyes, pasear por las Murallas Reales, visitar la Puerta Califal o admirar un atardecer sobre la bahía sur le bastaban para ser feliz.
El honor y la honestidad eran bases en lo que quiso transmitir a sus hijas ya que “era un hombre de sólidos principios donde la lealtad, la humildad, el trabajo, el esfuerzo y el valor de la palabra dada eran básicos para él”. Dedicó tres décadas de su vida al ejercicio de la abogacía desde el Bufete Lería Martínez y Guerrero que supo conciliar con una carrera militar llegando a ser general inspector de Intervención de Defensa. Durante su etapa como Interventor General potenció el control financiero permanente, asignando más recursos de personal directivo a este área. Centralizó el área de auditorías haciendo más eficaces y eficientes las actuaciones con la aplicación de las novedades informáticas más punteras. “Tenía las cualidades de ser justo, competente y trabajador, sabiendo escuchar siempre a sus colaboradores más inmediatos, teniendo en cuenta sus opiniones para la toma de sus decisiones, siempre el resultado de una gran reflexión”, explican sus compañeros que consideran su trabajo en el cargo como clave para que fuera una etapa “a pesar de su enfermedad, de las más brillantes, fértiles y creativas”. De su enfermedad, su familia dice que supo enfrentarla con dignidad y entereza tratando de que no afectara ni a su trabajo ni a sus hijas ni a su familia. “Consiguió relajar el pesado efecto que la responsabilidad ejercía sobre él y disfrutar de las pequeñas cosas”. Un luchador desde que nació.






