Termina la Semana Santa con la procesión, hoy, del Resucitado. Una Semana Santa que parece haber tenido dos partes bien distintas.
La primera, desde el Domingo de Ramos hasta el Miércoles Santo. Con gente en las calles, con vinculación social importante, con las celebraciones propias de unos momentos tan especiales, tan sentidos y con tantos valores arraigados. La segunda, a partir del Jueves Santo. Con la pérdida de esa vinculación, de ese seguimiento social, con las calles más vacías de lo normal, con mucha gente de Ceuta huyendo hacia otros puntos, incluso huyendo para participar de la Semana Santa de otras comunidades. Las calles no han sido las mismas, y si a esto le sumamos la polémica registrada por la falta de costaleros hasta el punto de provocar que haya pasos que no han salido a la calle, tenemos otra visión de la Semana de Pasión que no gusta, que hay que reconocerla, reflexionarla y analizarla en consecuencia para que no vuelva a repetirse. Ceuta no puede permitirse el lujo de experimentar los primeros síntomas que nos indiquen que la Semana Santa pueda correr el riesgo de perderse. Hay que actuar antes de que eso pase, urge reflexión dentro del propio Consejo de Hermandades, pero también fuera, en una sociedad que también debe luchar por el mantenimiento de sus tradiciones. ¿Si las perdemos, qué es lo que tenemos?, ¿si no inculcamos los valores a nuestros hijos, qué les queda? Faltan costaleros, pero falta también devoción. Falta vinculación social, pero falta también respeto. La Semana Santa siempre ha sido rica en Ceuta. No la perdamos.





