Miles de estudiantes de Ceuta volvieron ayer a las aulas para comenzar la actividad lectiva del año académico 2022-2023, que arranca con luces y sombras. Entre las segundas destaca el eterno problema de la atención al alumnado con necesidades educativas especiales, en el que el Ministerio de Educación se mueve entre su elogiable voluntad de fomentar la inclusión y la permanente falta de recursos humanos no docentes (los docentes se han mejorado notablemente) para garantizarla en condiciones, con el mejor trato a esos niños para, de paso, asegurar que sus grupos operan con normalidad.
Para conseguirlo urge, y en ello está la Dirección Provincial, articular sistemas estables y ágiles como el contrato mayor que ahora se estudia para externalizar el servicio de cuidadores (también debería incluir los asistentes educativos) y no depender más de los siempre volubles Planes de Empleo. Entre las luces destacan algunos méritos de la Dirección Provincial, como haber conseguido por fin la incorporación efectiva de los cientos de interinos que siguen trabajando cada año en los centros en la fecha de inicio de las clases o haber logrado que también los institutos empiecen su actividad lectiva en plazo. Las ratios, hace no tanto disparatadas, se han reducido también sensiblemente, en este caso gracias tanto a la política de seriedad y rigor de los responsables del ministerio en Ceuta como al descenso de la natalidad, que ha reducido un 30% las matriculaciones en Infantil de 3 años. Ahora es preciso que la administración desatasque proyectos de infraestructuras como el del Brull y estabilice al personal interino que pueda para seguir mejorando nota.






