Mis previsiones se vieron, afortunadamente, superadas. Donde yo imaginé unas 500 personas, a priori, terminamos siendo 1.500. Los Secretos volvieron a conquistar un territorio, una ciudad, que les adora. En medio de un formidable ambiente, con un público que, si bien se presumía muy generacional, es decir coetáneo de la nueva ola, finalmente abarcó todas las edades. Buena idea la de los papis quienes, en lugar de hacer uso de niñeras, prefirieron tirar de los peques con la extraordinaria labor, premeditada o no, de ir haciendo cantera para las próximas hordas de público o músicos de Pop n’Roll.
El enésimo concierto de Los Secretos en Ceuta resultó ser el más brillante, generoso y sorprendente de cuantos les he visto aquí y en numerosos lugares del país. La banda, después de 33 años en la carretera, se ha soltado la melena y ha abandonado aquellas actitudes introvertidas, tristes y alejadas de un público que, probablemente, siempre resultará ser el que elevase a categoría de espectáculo apasionante y divertido sus actuaciones. Ahora nada es igual.
Álvaro Urquijo, el líder de la banda, parece haber heredado y superado definitivamente los complejos que dejara como huella en su garganta su hermano Enrique. Canta como nunca, se muestra divertido, flirtea con un público al que se sabe ganado desde el inicio. Y ataca, una tras otra, el amplísimo abanico de un repertorio que, por el gran número de canciones, se ha visto sensiblemente renovado. Después de iniciar el show con un sonido impecable, acudieron a su numeroso vivero de canciones de éxito para meterse en el bolsillo al de, antemano, entregado personal, ya digo; cuestión bastante fácil ‘en su casa’ porque las huestes de Urquijo & Co. saben que en Ceuta juegan en casa. Después, es cierto, vendría el único pero de la noche: una cadena de baladas de escasa popularidad que muchos aprovecharon para cruzar el férreo control policial y tomar una copa, prohibida, a pesar del plástico, dentro del recinto acotado en las Murallas Reales para el recital. Descontento generalizado de un público sobrado de elegancia, glamour y nada sospechoso de generar altercado alguno. Los Bares de las Murallas hicieron su agosto aunque, eso sí, a precios más que razonables.
Pero Los Secretos arrastran sobrada veteranía y observaron cómo había llegado el momento de desplegar el más clásico de su catálogo de canciones para elevar el tono y rugido colectivos: ‘Sobre un vidrio mojado’, ‘Frío’ (Manolo Tena), ‘Déjame’ y tantas otras. Por cierto, ayer volví a darme cuenta de lo grande que es la canción que en su día encumbró a Los Secretos. El ‘Dejame’ del viernes me sonó como nunca.
El concierto dio mucho de sí. Canciones enormes a raudales y ausencias, también algo frustrantes, según el gusto del consumidor. A mí me faltaron por ejemplo ‘Hoy la vi’ o ‘En Abril’, a mi amigo Paco Castrillo, secretista de pro, seguro que muchas más. Pero después de dos horas, qué más se podía pedir. Pero vinieron más, envueltas en una sorprendente, por novedosa, ‘jux Box Music’ de versiones de grandes clásicos del pop. Jamás había oído a Los Secretos derrochar ‘bises’ a base de grandes y heterogéneos clásicos de la música juvenil contemporánea. Versionaron a Police, Supertramp, Jerry Lee Lewis con un número cantado por el batería que intercambió su instrumento con el guitarrista y líder. Sí. Álvaro agarró las baquetas y todos empezamos a bailar el Rock. ‘Everybody Let’s Rock’. Y ‘Stay’ de Marice Williams & The Zodiacs/Jackson Browne Y ¡Steely Dan!. Sí, se marcaron el ‘Do it Again’. Y todo fue hipnótico.
La gente quería más, pero el calor, la extenuación y la carretera que les esperaba ayer, arrancaron a Los Secretos, en medio del entusiasmo total, del escenario. Es aquello de cuando la razón se impone al corazón. Y ellos se dejaron el corazón, de nuevo, en Ceuta como lo hizo Chavela en Madrid.
Fue una gran noche de pop y rock como quedan pocas en este país abatido por la crisis. Anoche fue como recuperar un tiempo perdido que, difícilmente, volverá. Una gran apuesta de Mabel Deu, consejera de Cultura, pendiente de todo y escuchando a todo el mundo en cada momento, que volvió a creer que Los Secretos nos darían tantas satisfacciones. Incluso más de las imaginables. Y un delegado del Gobierno como Paco Antonio que disfrutó tanto o más que yo con sus paisanos.
En definitiva, que Ceuta quiere tanto a Los Secretos que ya solo nos falta verles el próximo invierno sobre el escenario del Auditorio del Revellín, recreando sus éxitos junto a una orquesta sinfónica. Ahí lanzo el guante. Y yo, me reservo ya mi entrada.






