Categorías: Opinión

Los que se fueron

El calendario manda que hoy sea el día de Todos los Santos. Una jornada que pasa sin pena ni gloria hasta que perdemos a un ser querido, cercano, a nuestro referente. Cuando la muerte decide pararse a nuestro lado y llevarse a quienes más queremos ya nada vuelve a ser igual. Esto es imposible que usted lo entienda si no lo ha sufrido. Pasan los días, los meses e incluso los años y podemos reirnos, pelearnos, amarnos, odiarnos con los que tenemos al lado... pero ya nada será igual porque nos falta él o ella, ese ser que era clave en nuestras vidas y que cuando murió se llevó parte de la nuestra. Esa quiebra que su marcha provoca en nuestros corazones nos hace pasar por múltiples estados. La rabia y el dolor inicial dan paso a las dudas. Y a una le da por pensar: ¿por qué se tuvo que morir una persona noble, buena, amada, respetada y necesitada mientras anda tanto cabrón suelto por la vida? Sí, cabrón, con todas las letras... ¿no lo han pensado, atormentados, alguna vez? Pero la vida tiene eso, aplica a su antojo su natural dictadura: ahora naces, ahora mueres. Y en medio de este ciclo estamos nosotros: víctimas de esa situación, meros espectadores sin capacidad de decisión, obligados a vivir con una pena interior que nunca nadie podrá calmar.
Hoy es el Día de Todos los Santos. Lo pone en el calendario, pero ¿y los demás?: ¿esos días, esas horas, esos minutos en los que la imagen de quien ya no está se te representa en cualquier detalle?, ¿esas noches en las que el frío te domina, sin avisar, hasta sentir como nunca habías sentido la presencia del que nunca más estará a tu lado?, ¿esos momentos en los que coges el teléfono para llamar a tu ser querido y contarle cualquier tontería y te das cuenta que ya no hay números que marcar porque esa persona jamás volverá?... Para todo esto no hay calendario, no hay día, no hay flores, no hay festividad... solo hay fortaleza, entereza  y mucho ánimo para seguir adelante aprendiendo a convivir con esa soledad. Esa soledad nunca elegida, que se presenta en nuestras vidas sin elegirla. Esa soledad macabra que forma parte del día a día. Esa soledad que nos provoca dudas jamás resueltas y nos lleva a una crisis sin salida.
Hoy nos faltan los que queremos. Nuestro padre, nuestra madre, nuestro hermano, nuestro hijo. Ellos se llevaron parte de nuestras vidas cuando nos dejaron. Lo sabemos, somos conscientes de ello y ese dolor derivado de su ausencia aparece cuando menos lo esperamos para recordarnos, así, que seguimos vivos. Fíjense que macabro dolor. Cada persona lo arrastra como puede, asimila su historia, hace frente a esta nueva vida plagada de ausencias de la mejor manera, sabiendo que nunca será igual. Sin ellos, los que nos faltan, nada será como antes. Nadie nos dijo que sería fácil, pero por ellos, al menos, debemos intentarlo.

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