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Muere la ceutí Catalina Guillén, una vida de bondad dedicada a ayudar a los demás

Ceuta despide a una mujer querida por todos, que falleció este lunes en torno a las 18:00 horas en el Hospital Universitario de Ceuta, donde permanecía ingresada

Ceuta pierde a una de esas personas que forman parte de la memoria de una ciudad. Catalina Guillén Marín, vecina conocida por varias generaciones de ceutíes por su alegría, su bondad y su enorme capacidad para ayudar a los demás, ha fallecido a los 98 años en el Hospital Universitario de Ceuta.

Allí permanecía ingresada desde hacía aproximadamente dos semanas después de sufrir distintos problemas médicos.

El último adiós a Catalina será esta tarde a las 18:00 horas. Su cuerpo descansa hasta entonces en el velatorio de San Amaro.

Una larga vida de entrega

Su muerte deja atrás una vida larga, pero, sobre todo, una vida entregada a los demás. Catalina estaba a punto de alcanzar el siglo de existencia y quienes tuvieron la oportunidad de conocerla la recuerdan como una mujer alegre, hospitalaria y generosa, de esas que nunca preguntaban quién eras antes de tenderte la mano.

Su hijo Rafael Benítez la define con una palabra que parece resumir toda su trayectoria: bondad. “Mi madre era muy bondadosa con todo el mundo, muy hospitalaria”, recuerda.

Una bondad que, según explica su hijo, no entendía de diferencias, cultural o fronteras.

Cabe mencionar que Catalina Guillén era madre de Paco Benítez, conocido en este periódico por ser el genio ceutí que fabricaba su propio combustible.

Ayudar como una forma de vida

Catalina, desde muy pequeña, conoció el esfuerzo. Su hijo recuerda como comenzó a cuidar cabras cuando apenas tenía 5 años.

Aquella niña que creció en unas circunstancias difíciles acabaría convirtiéndose en una mujer capaz de sacar adelante a una familia numerosa y de convertirse, al mismo tiempo, en apoyo para quienes la rodeaban.

6 hijos y 14 nietos

Fue ama de casa, madre de 6 hijos y abuela de 14 nietos, pero su casa nunca fue únicamente la casa de su familia. Siempre había espacio para alguien más.

Rafael recuerda cómo, desde pequeño, veía a su madre acudir al cuartel y regresar con grandes cantidades de comida que después repartía entre los vecinos. “No era para ella, era para compartirla”.

"Cuando hagas una gracia, hazla completa"

Llegaban niños y familias y Catalina les daba de comer. Para ella, ayudar no era algo extraordinario, sino una manera de entender la vida.

“Cuando hagas una gracia, hazla completa”, era una de las frases que repetía a sus hijos. Una enseñanza que Rafael conserva todavía hoy y que, con el paso de los años, ha comprendido por completo: si se ayuda a alguien, hay que hacerlo de verdad, entregándose por completo.

Catalina, la vecina a la que siempre llamaban

Su carácter hizo que su nombre se extendiera a gran parte de la ciudad, cuenta su hijo. Las vecinas acudían a ella para pedirle ayuda para limpiar, cuidar a los niños o echar una mano cuando hacía falta.

“Todas las vecinas: ‘Catalina, mira, ven, Catalina, ven’”, recuerda su hijo. Y ella iba.

El 19 de agosto de 2024, este periódico realizo una entrevista a Catalina. Ahora, dos años más tarde, volvemos a recordar su nombre, esta vez para despedirla.

"Nos enseñó a leer a todos"

Rafael también recuerda una faceta especialmente importante de Catalina: su papel como primera maestra de sus hijos y nietos.

Mi madre nos enseñó a todos, absolutamente todos los nietos y a todos los hijos, a leer”, explica.

"Siempre fuiste ejemplo de lucha y de bondad"

Para sus hijos, Catalina fue mucho más que una madre. Fue un ejemplo. “Siempre fuiste un ejemplo de lucha y bondad ante las adversidades”, fueron las palabras que sus familiares quisieron dedicarle tras su fallecimiento.

Catalina falleció este lunes, 10 de agosto, alrededor de las 18:00 horas. Su familia la despide con el dolor inevitable de la pérdida, pero también con el consuelo de saber que deja detrás una huella profunda.

Una huella de bondad

Una huella hecha de platos de comida repartidos, de niños cuidados, de vecinos atendidos, de enseñanzas transmitidas y, sobre todo, de cariño.

A los 98 años, Catalina Guillén se marcha, pero permanece en la memoria de quienes la conocieron. Porque algunas personas no necesitan grandes monumentos para ser recordadas, basta con haber hecho el bien durante toda una vida.

Y Catalina lo hizo.

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