En esto de la campaña electoral nunca se cumplen los plazos. La campaña, de hecho, comenzó hace semanas, incluso meses, y amenaza con reforzarse con eventos, comunicados y actos que se disfrazarán de otra cosa bien distinta. Estamos acostumbrados. Es la norma de cada periodo en el que los ciudadanos con derecho a voto son llamados a las urnas.
Las principales incógnitas radican en las listas. Los partidos anuncian ya los actos en los que darán a conocer quiénes son los que llevarán de la mano. Hay quienes empiezan ya a amenazar con tomar decisiones sin tan siquiera llegar a ser gobernantes. De todo hay en esta jauría por ver quién se come la mayor porción del pastel.
PP y PSOE no nos sorprenden. Los populares, con Juan Vivas a la cabeza, apostarán por elegir a los que, sepan, no van a mover ficha si la tempestad es la que algunos prevén. A un lado van a quedar aquellos cuyas aspiraciones pasaron por llevar a cabo un particular golpe de Estado en Ainara, seguido en directo desde Madrid. La elección está más que fijada. En el PSOE las iras de unos y de otros van a dar juego. Desde que Manuel Hernández decidió secuestrar el partido y convertirlo en un cortijo nada es lo que parece. Se ha rodeado de lo que él ha elegido siguiendo el mismo patrón que denunciaba. Él y los suyos, los suyos y él hacen su guerra, mientras las brechas están cada vez más abiertas. Podría ir pensando en cambiar las siglas y acuñar una formación al estilo de ‘los protegidos de Hernández’. (Seguimos esperando la rueda de prensa para valorar los Presupuestos que presentó la delegada del Gobierno de su partido aunque no fuera su apuesta).
Caballas tiene por delante un examen duro. Complicado. Lo saben. A final de mes presentarán su candidatura. Los localistas se han mantenido firmes en torno al camino político seguido. En muchas ocasiones ser firmes, creer en el número 1, puede incluso fortalecer su imagen. Otras veces puede ser injusto.
MDyC sigue arrastrando la inusual imagen de tres diputados que no se hablan en los plenos, que mantienen sus formas pero que reflejan un trío mal avenido. Fatima Hamed es algo más que el rostro de la formación, aunque cabe preguntarse qué harán sus dos compañeros de bancada y quiénes están dispuestos a mover ficha desde otros lados.
Cs quizá deberá primero replantearse los mimbres que tiene para afrontar un proyecto mal avenido, sin talante, sin rostro que cale. El ambiente actual, lo saben, no es el que les llevó a meter cabeza en la Asamblea. No cuaja un partido en el que parece que hubiera más mandos y amagos de serlo que ideas. La solución la deberán buscar ellos si no quieren perder la partida por el camino iniciado.






