Qué bonita, qué bonita está Ceuta, qué bonita la ciudad, más bonita, todavía cada vez que en julio los niños del cura Arenillas nos reunimos en ella. Ya de mayores recordamos aquellos años que de niños corríamos detrás de una pelota. Unos en la Plaza de Azcárate; otros en la Plaza de África, el callejón del Lobo, Maestranza, los patios de vecinos o cualquier calle, calleja o plazuela. Sin olvidar las canteras y aquellos partidillos en el patio del chalet de Tati Orozco.
De todos estos rincones acudimos a los Remedios donde aprendimos a correo detrás de un balón en el “54”, bajo la sotana de Don Francisco Muñoz Arenillas. Dábamos por bueno no salir con niñas, ni fumar o ir al cine por tal de poder jugar al balón. la verdad es que a escondidas cada uno hacía lo que podía, pero si se enteraba el cura te quedabas sin jugar.
De aquí salió el primer equipo juvenil de la Sociedad Deportiva Ceuta o la selección de los Remedios.
Pocos partidos perdíamos, tal vez porque rezábamos mucho y bien, y así se lo decíamos a nuestra Señora de los Remedios.
No olvidemos al colegio del Pilar de Tetuán, que no dio un gran vapuleo (6-0) a pesar de esta derrota que fue la única que yo recuerde.
También es cierto que tuvimos muchas más alegrías y no quiero recordaros al Sarmiento de Gamboa, Ceuta azul, África Ceutí (1º equipo) y al colegio de San Agustín, donde no había ganado nadie en aquel cemento donde una de las porterías estaba pintada en la pared y la ora entre dos columnas y como larguero, una cuerda, pues claro que jugábamos con alpargatas con sueña de goma o cáñamo.
Maravillosos años, qué bonitos, qué guapos, cuánta belleza dando pataditas los niños del cura Arenillas.
Qué más daba que cuando jugábamos nuestras ligas nos diéramos patadas, nos tirábamos bocaítos y nos peleáramos en el campo corriendo detrás de un balón, todos éramos amigos.
Qué más daba que cada uno fuéramos de un rincón de Ceuta diferente o donde jugáramos, en los Remedios, éramos compañeros compañeros y amigos.
Aquellos años fueron tan lindos que no se pueden olvidar, prueba de los es que después de sesenta años nos juntamos los de Ceuta juvenil unas horas para compartir los residentes en Ceuta y los que vienen de afuera misa, mesa, comida y recuerdos de aquellos tiempos felices de niños.
Hoy, ya mayores, cada año se nos va alguno de ellos y ésta es nuestra gran pena.
Ceuta, 1950-2010.





