Benito Pérez Galdós, en el “Episodio Nacional” referido a “Cádiz”, enaltece el heroísmo del pueblo español por la gesta de enfrentarse unido a la Grand Armée y a la vez se lamenta de la guerra civil declarada entre los partidarios del “¡Viva las caenas!” y los liberales del “¡Viva la Pepa”!, comportándose “como hijos de la memoria en lugar de padres del porvenir”.
Pero no paró aquí la cosa. La historia de los siglos XIX y XX se conoce como un periodo de pronunciamientos militares y guerras civiles entre absolutistas, constitucionalistas, ilustrados, carlistas, moderados, isabelinos, socialistas, comunistas, liberales, separatistas, republicanos hasta que Franco puso en solfa al País y acabó con los enfrentamientos belicistas de los españoles.
Hoy, al cabo de setenta años y treinta de pluralismo democrático, “los hijos de la memoria y padres de la nada”, bajo el lema “Democracia: Si!. Derecha: No!” firmaron el 14 de diciembre de 2003, el “Pacto de Tinell”, con la intención malévola de identificar a los votantes del Partido Popular como exclusivos herederos del franquismo, cuando ellos mismos por la razón de nacer dentro del Sistema también lo son , pudiendo gozar de los mismos bienes públicos como cualquier otro español de bien. Cosa rara que no aprovecharan los pactistas, porque si atendemos al pasado de sus progenitores, un alto porcentaje de ellos fueron, en los años de postguerra civil, privilegiados universitarios hijos de altos cargos del Movimiento y militares del Movimiento o “Camisas Viejas”, en tanto que otros españoles, los más, vivíamos a salto de mata comiendo del “Auxilio Social y de Invierno”, educados en pobres escuelas y, nuestro San Sebastián de veraneo, eran los campamentos del Frente de Juventudes y de la O.J.E. para comer caliente sobretodo en los cuarenta y parte de los cincuenta. (Hoy también se da esa vergüenza nacional: Cinco millones de parados con un millón y medio de familias subsistiendo de los comedores de Cáritas).
Herederos del franquismo somos todos. Pero administradores de la herencia, según la experiencia, los hay de dos clases: Los que pilotan el Gobierno de la Nación como “padres del porvenir” y los que gobiernan la nave del Estado sin apartar la mirada del retrovisor retrocediendo en libertades y valores morales, democráticos, patrióticos arriando la Cruz de las aulas e izando el preservativo en su lugar y facilitando la píldora postcoital estampillando en los escolares el aborto, la lascivia y el relativismo moral y otros valores similares que empiezan en la cintura acabando con los pies en el barro, siendo además acreedores de la ruptura de la España Una, Grande y Libre, conceptos en absoluto reñidos con el espíritu de nuestra Constitución democrática, a pesar de su origen franquista.
Todos los nacidos en la dictadura sin exclusión, somos sus hijos y hemos disfrutado de la herencia poco o mucho. A saber: Formación académica y Universidad; paga extra del 18 de julio (todavía vigente); Seguridad Social; pantanos; ayuda familiar; “Casas baratas” para trabajadores; seguridad en el puesto de trabajo; becas de estudio en todos los niveles educativos; Planes de Colonización y Desarrollo para fomentar la agricultura; Turismo; Seguridad Ciudadana… y muy importante, la formación progresiva en libertades personales e ideológicas de donde salieron los hombres y mujeres que hicieron posible la Transición Democrática. Exceptuados de la herencia, por su edad, queda la espontánea especie de los “demócratas indignados”, mezcla de LODE y Democracia, con claras intenciones de incordiar al PP, si gana las elecciones, tal como lo vienen demostrando con sus múltiples ensayos callejeros para la puesta a punto.
De hecho, el mejor patrimonio que Franco nos legó fue D. Juan Carlos I. Un Rey que tenía todas las cartas para ejercer por Derecho Fundamental de “Rey Sol” como su antepasado francés. Sin embargo, nada más subir al trono, cedió al Pueblo sus poderes y erradicó la Dictadura, secundado por la autoinmolación de las Cortes Franquistas y todos a una posibilitando el feliz acontecimiento democrático de la Transición Política en Paz. No olvidemos la colaboración del inolvidable Adolfo Suárez que ostentó el cargo de Ministro Secretario General del Movimiento y fue, gran conciliador como Presidente del Gobierno de transición y del primero Democrático, siendo un ejemplo de cambio de modelo de Estado admirado por todo el mundo.
Y acabo con una curiosa anécdota sobre la herencia franquista: ¿Tendría algo que ver en el hecho democrático español, la críptica frase:“Dejar todo atado y bien atado” atribuida a Franco?. No lo digo a humo de pajas: Siendo D. Juan Carlos todavía un joven universitario, le preguntó al General: “Excelencia, ¿cómo deberé gobernar España cuando llegue el momento de hacerlo?”. Franco le respondió “Tranquilo, Juanito, tranquilo. Entonces será otra cosa” (“Mis conversaciones privadas con Franco” – Franco Salgado-Araujo). Si iba a ser “otra cosa”, es evidente que Franco no hablaba de una Dictadura. Piense el lector: ¿Qué otra cosa podría ser?.
Tendría gracia que al final, la mejor herencia del franquismo, no haya sido ni el Rey, ni las Cortes, ni Suárez, sino… ¡LA MISMA DEMOCRACIA!.





