Pasan las décadas, las generaciones cambian, las tendencias varían, las modas se imponen pero, aunque pocos, siempre hay espacios sagrados para que se conserven hermosuras: los clásicos nunca mueren.
De tal manera, el tercer recital del ciclo ‘Tocan los clásicos’, con el que la Ciudad pretende acercar a los ceutíes la música clásica, coincidiendo con la celebración del LXXX aniversario de la fundación del Conservatorio Profesional de Música ‘Ángel García Ruiz’, se desarrolló anoche en el Teatro Auditorio del Revellín ante la admiración de los presentes y el deleite de los músicos, los profesores del Conservatorio.
Para tal recital, los maestros del Conservatorio cumplieron con un programa que incluía quince piezas de autores como Mozart, Haydn o Bach, aunque también tuvieron cabida un tango de Carlos Gardel e incluso un tema de Pedro Iturralde, uno de los músicos pioneros del jazz en nuestro país. Colosal fue la actuación de todos, quienes interpretaron con maestría piezas como el Cuarteto para oboe, violín, viola y violonchelo, de Mozart; Noche hermosa (Zarzuela Katiuska), de Sorozábal; Milonga de Serafin, de Nelegatti; o Solo para flauta travesera, de Bach. Algunos de los protagonistas fueron el guitarrista Javier Bernal, el violinista Miguel A. Chamorro, o la soprano Laura E. Riveiro, mientras que también hubo ocasión para que el ballet de Rosa Founaud ofreciera un baile a los presentes.
Así, entre hilo musical y silencio, entre aplausos y admiración, la noche fue pasando hasta que llegó el fin: un desenlace que, sin embargo, no supone del todo el final pues, ¿acaso alguien, y más observando el recital de anoche, puede afirmar que la existencia del siglo XXI destruye en realidad, y pese al vil intento de millones de personas de aquí y de allá, las tradiciones culturales, ese arraigo de los clásicos que nunca mueren?








